No dejes que pare la lluvia, la misma que nos empapa la ropa y corre bajo nuestros pies… Que no pare la lluvia sobre los besos de otoño, en la palma de nuestras manos. No dejes de mirarme otra vez, no vuelvas al paraguas gris y me dejes mojándome a solas. No te olvides mi nombre en las esquinas de cualquier calle, no dejes de pensar, no me abandones… No vuelvas a la oscura inteligencia, a los despojos de carne en las aceras, no mires a otro lado, no te escondas… No dejes que la lluvia moje los cristales de tu coche, mientras el limpiaparabrisas va marcando los latidos de tu corazón, sal a la calle, ¿no ves que no quieres guarecerte? No me digas adiós, no me olvides… ¿No me ves, lloviéndome por dentro? No dejes que pare la lluvia, no te vayas…
Publicado por Pez_Burbuja en “Cuentame una canción”
Es curioso como hay recuerdos capaces de permanecer en la memoria por mucho tiempo que pase. Intentas correr, dejarlos atrás y sin embargo parecen adheridos con una fuerza titánica a la piel, y acabas por resignarte a que sean parte de ti, a que condicionen el resto de tu vida.
Yo tenía 22 años. Estaba en la universidad así que busqué un trabajo por las tardes que me permitiera ser independiente y pagar mis gastos. Siempre se me habían dado bien la matemáticas, así que comencé a trabajar de profesora en una academia. Nunca había trabajado antes por lo que todo me resultaba nuevo y fascinante. No tenía mucha relación con mis compañeros, apenas hablábamos salvo cuando coincidíamos en la sala de profesores. Todos eran mayores que yo, y en cierto modo me trataban como si yo fuera una niña. Todos menos Carlos.
Moreno, de pelo corto y ojos penetrantes, no era guapo pero tenía un no sé qué que obligaba a mirarlo. Y él lo sabía. Se cuidaba mucho, como denotaba la bolsa del gimnasio. El traje parecía hecho a medida en su cuerpo, y no ocultaba el magnetismo que desprendía por cada uno de sus poros.
Al acercarse las navidades decidieron quedar un día para cenar y salir a tomar unas copas. Mi primera cena de empresa. Recuerdo haber tardado horas hasta que decidí ponerme aquel vestido negro de tirantes. En el último momento en un arranque de pudor, me puse una camisa roja encima.
Carlos vivía en un barrio cerca del mío, así que quedamos para ir juntos. Nos vimos en la estación de tren más cercana a mi casa. Al montar en su coche, me sentí de pronto cohibida al estar en un sitio tan pequeño cerca de él. Hola, me dijo sin mirarme, estás muy guapa. Tú también, le dije yo sonriendo. Era cierto. Aquella camiseta blanca y los vaqueros le hacían parecer más joven, más… mejor no pensar en ello. Durante el trayecto charlamos distendidos, alegres, inconscientes.
La cena se desarrolló con normalidad. Siempre me han cohibido los grupos grandes, así que me limité a escuchar lo que hablaban acerca de sus vidas, sus aficiones, sus parejas, sus sueños. Carlos estaba casado, aunque no le iba bien en su matrimonio. Estaban planteándose separarse. Entre bromas y risas, las botellas de vino se fueron vaciando casi sin darnos cuenta.
Decidimos ir a bailar a un local cercano. La música estaba demasiado alta para hablar. El local estaba abarrotado. Llegamos entre codazos y empujones a la barra. Después de pedir una copa, las chicas nos fuimos a bailar y los chicos se quedaron allí. La pista estaba llena pero no nos importó. Ya estábamos bastante animadas así que nos hicimos hueco sin problemas. Hacía mucho calor así que me quité la camisa. Bailar siempre ha sido para mí algo muy especial. Cuando bailo pierdo la coraza y me convierto en alguien ajeno a todo lo que no sea mi propio cuerpo. Allí, rodeada de gente, me sentí por primera vez libre. Los ojos cerrados, todo mi cuerpo vibrando con aquellas notas, apenas me reconocía a mí misma. En aquel momento no era consciente, pero imagino el estupor de mis compañeros viendo a la “niña” moverse de aquella manera. En algún momento de aquella inconsciencia sentí un extraño calor recorriéndome el cuerpo y abrí los ojos. Allí en la barra los chicos nos animaban con gestos y gritos, todos menos Carlos. Apoyado en una esquina, me miraba como nadie jamás ha vuelto a hacerlo. Aquellos ojos traspasaban mi piel provocando un incendio en mi interior. Solo estábamos él y yo, y aquel hilo invisible que nos unía de algún modo extraño. Estoy muerta de sed, dijo una de mis compañeras, vamos a la barra.
Yo me sentía algo mareada, así que no quise beber más. Me quedé allí, apoyada en el otro extremo de la barra. Todos charlaban animadamente, nadie parecía darse cuenta de que nosotros no participábamos. Solo nos mirábamos. No sé cuanto tiempo estuvimos así. Quizás fueron minutos, aunque parecían horas. En algún momento alguien dijo que cambiáramos de sitio, por lo que nos dirigimos todos hacia la puerta. El local estaba abarrotado así que prácticamente íbamos en fila. Yo iba dando traspiés cuando sentí una mano sobre la mía. No necesité mirar. Sabía de quien era aquella mano. Sentía oleadas de calor invadiendo mi cuerpo, y todas mis terminaciones nerviosas parecían concentradas en aquella mano.
Por fin logramos salir. Comenzaron a discutir sobre donde ir. Yo me sentía extraña así que dije que me iba. Carlos me acompañó. Recuerdo que bajamos la cuesta que llevaba hasta su coche en silencio, bajo la atenta mirada del resto del grupo. Por fin la calle terminó y doblamos la esquina. Jamás he vuelto a sentir lo que sentí en aquel momento. Hubiera sido capaz de matar si alguien me hubiera intentado parar. El deseo era tal que me dolía. Al pasar por un portal me abalancé sobre él y le besé. Nos besamos. Nos comimos a besos. Nos saboreamos, nos mordimos. El tiempo parecía haberse detenido en aquel beso. Le saqué la camiseta, metí las manos por su espalda. Tenía la piel cálida, increíblemente suave. Le agarré las nalgas y le apreté contra mí. Estaba muy excitado. Le besé el cuello y le subí la camiseta. Seguí besándole hacia abajo. Dios, que hermoso era. Me intoxicaba su olor, su sabor. No podía parar.
Espera, me dijo de pronto. Para, no sigas. Me agarró de los hombros y me separó. Yo le miré incrédula, el cuerpo dolorido, muriéndome de ganas. Aquí no, me dijo. Así no. Luego me abrazó, firme, sereno… Yo temblaba, intentando controlar aquel torrente de sensaciones, aquella frustración que me consumía. Estuvimos así mucho rato. Poco a poco volví a la normalidad, aunque mareada aún por los efectos del alcohol. Venga, me dijo con la voz enronquecida, te llevo a casa.
Me sentía tan avergonzada que no fui capaz de articular palabra. Creía que no me deseaba, que me había rechazado. Aquel fue un duro golpe para mi ego. No quise volver a verle. Con la excusa de las vacaciones de navidad, aproveché para buscar otro trabajo y nunca volví. Al cabo de unos meses me enteré de que estaba en trámites de divorcio, y que salía con una compañera de trabajo. Me dolió. Luego le perdí la pista.
He buscado volver a vivir una y otra vez aquellas emociones. No he podido. Ahora vivo sola, con un acuario lleno de peces tropicales y un gato. A veces llega alguien a mi vida, y se queda un tiempo. Pero se acaba marchando. Es imposible competir con un fantasma. Ellos lo saben. Y yo también.
Publicado por Pez_Burbuja en “Cuentame una canción”
Quisiera que estuvieras aquí. Sí, ya sé, hay cosas que no pueden ser pero aun así cómo evitar este dolor sordo, alojado en mi pecho, que me ahoga quitándome el oxígeno vital. Cómo no desear a veces tu mano rozando la mía en algún encuentro casual, sentir que te aproximas despacio y dejas un beso en mi cara, tan cerca de mi boca que si pudiera moverme un solo milímetro se encontrarían sin remedio. No es fácil añorarte, no lo creas. Sentir como tu sombra a veces cubre la mía, darme la vuelta deprisa para comprobar que solo es mi imaginación que me juega una mala pasada. A veces me parece escuchar tu voz en el metro, en algún centro comercial, por la calle, y me vuelvo como una loca para buscarte… pero nunca eres tú.
Si estuvieras aquí podría contarte el matiz exacto que tiene el cielo a mediodía, cuando el sol está en su apogeo. Podría describirte una a una cómo son las flores de un campo de girasoles, y caminar contigo un millón de kilómetros sin movernos. Podría pegarme a ti sin abrazarte, tan solo buscando tu piel, como si fuerámos dos polaridades opuestas sin posibilidad de escapatoria. Podría contar una a una las diminutas arrugas de tu rostro y decirte el número de sonrisas por minuto que asoman a tus ojos cuando me miras.
Y podría cantarte al oído que estás aquí… conmigo.
Publicado por Pez_Burbuja en “Cuentame una canción”
Un instante, eso fue. No hay que darle mas importancia de la que tiene. Ni menos.
Sonaba la música y yo, como siempre, estaba ausente, muy lejos de allí. No podía ver a la gente, ni los vasos, ni el humo que cargaba el ambiente, que me abrazaba, me acunaba ofreciéndome la posibilidad de perderme en su seno.
No sé la razón. No sé como llegamos hasta la pista de baile desde las oscuras mesas del fondo.
¿Qué mas da? Sin preguntas. Se supone que debo confiar en ti.
Tal vez alguien allí te llamó la atención, y yo estaba cerca. Bueno, para eso están los amigos, ¿no?
“ The sea’s evaporating
though it comes as no surprise
these clouds we’re seeing
they’re explosions in the sky”
No te gusta esa música, y sin embargo, allí estábamos. Realmente ella debía de valer la pena…
Lo único cierto era Hugo Boss saludando a mi nariz desde tu cuello, y el calor de tu piel a través de la ropa.
No sé la razón. No sé como mis brazos se apoyaron en tus hombros y se cruzaron tras tu nuca, y no sé por qué mi cara se apoyó en tu pecho.
Calor, sudor de sábado noche a través de la tela, directo a mi mejilla. Tu corazón golpeando a ritmo de la música.
Tus brazos se cerraron alrededor de mi cuerpo, y tu barbilla descansó en mi cabeza.
Habías olvidado el objetivo y te concentrabas en la excusa. Puede que después de todo, no resultase invisible para ti.
“ Hush…
It’s OK
Dry your eyes…”
Un baile no le hace daño a nadie. No se debe leer entre líneas cuando se corre el riesgo de confundir lo evidente con lo inventado.
“Soulmates never dies”
Se extinguió la última nota y me separé de ti, sonreí sin mirarte a los ojos y volví a por mi bebida. Suerte con tus despampanantes objetivos de la noche
No quiero jugar con la idea de abrir el séptimo sello. Eres demasiado importante.
“Hush.
It´s OK
Dry your eyes
Couse soulmates
Never dies”
Resuena aún en mi cabeza. Amigos del alma. ¿Se puede pedir algo mas?
Fue un instante. No hay que darle más importancia de la que tiene. Ni menos.
Retengo tu silueta justo aquí, bajo mis párpados desnudos. Tú y yo, un día gris, las calles desiertas y la lluvia mojándolo todo. Tenerte cerca, apenas a un palmo de mi rostro me vuelve frágil bajo tus ojos. Siento el impulso de salir corriendo como tantas otras veces, pero hoy no, no lo haré. Porque llueve, y me miras, y me quedo pegada al suelo, empapada de agua, empapada de ti.
No sabes de otras tormentas, de esas que se fraguan bajo la piel, que incendian el corazón y lo arrasan. No importa. Solo estás aquí, esperando… Es tan absurdo este latido sordo, no puedo respirar, todo está inmóvil menos tú. Es lenta la agonía, tus labios acercándose a mis labios, y yo queriendo decir no, y sin embargo solo puedo preguntar si es real. Tú lo haces real, el roce de tus labios es un hierro candente sobre mi rostro, bajo mis párpados, entre mis labios. Deseo es una palabra demasiado pequeña para todo lo que cabe en este silencio.
Solo llueve y tú lo haces real.
Publicado por Pez_Burbuja en “Cuentame una canción”
El sonido de sus tacones contra el pavimento rompe el silencio del andén. El eco de sus pasos se pierde hacia las otras vías, los otros túneles, los otros trenes… Pero ella sabe cual es su destino, el andén número siete. El tren aún no ha llegado pero no importa. Ella lo espera de pie, inmóvil, la vista perdida en algún punto de la lejanía y el pensamiento lejos, muy lejos…
Escucha el ronroneo inconfundible de la máquina acercándose por la vía. Despacio, apenas un parpadeo, y la puerta del vagón se abre frente a ella que sube sin dudar. Camina sin prisa, mirando hacia los lados como si buscara algo. De pronto su vista se queda fija en un punto, al que instantes después se dirige resueltamente.
Estás aquí, le dice sin mediar ninguna otra palabra. Siempre estoy aquí, ya lo sabes, contesta él y se adivina una sonrisa en su rostro de apariencia seria. Ella se sienta en sus rodillas de lado, y toma su rostro entre las manos. Es tan hermoso estar así, mirándole de cerca, sin prisa, sabiéndose la dueña absoluta del tiempo y el espacio… Se pierde en la oscuridad de sus ojos, desde donde se puede contemplar el universo. Y vuelve hacia su rostro que sus manos recorren como pequeñas mariposas, apenas rozando las suaves arrugas, asombradas de un contorno tan preciso, tan perfecto, tan hermoso… Se recrea porque no quiere olvidarse de nada, quiere tener una fotografía viva en sus manos que le permita recordarlo después, mucho después, cuando el viaje termine…
El tren se mueve a un ritmo cadencioso, hipnótico, sensual. Con el dedo pulgar recorre despacio el labio inferior, aprendiendo texturas, mientras con la otra mano baja despacio hacia el cuello, para volver a subir tras la oreja. Entonces acerca su boca a la de él, hasta aprisionar su labio inferior entre los suyos, justo donde estaba un instante antes su dedo. Hay algo mágico en ese primer contacto, un chispazo de luz, una revelación, una catarsis… Él se deja hacer mientras ella saborea su labio golosamente, recreándose, la lengua moviéndose hacia las comisuras para volver de nuevo al centro. Por fin él se rinde, abriendo su boca para ella, que respira de su aliento como si fuera el último resquicio de oxígeno de aquel vagón solitario que les acoge en su seno como dos recién nacidos. Y exactamente así, renacidos el uno para el otro se besan, como en una película a la que le hubieran congelado la escena se quedan así, unidos por sus bocas, recorriendo paladares y dientes, sorbiéndose, mordiéndose, volando a ras de labio, saboreando el deseo hecho saliva, la quietud del pensamiento, el movimiento cadencioso del tren que les empuja uno contra otro, que los separa para volverlos a unir aun con más ímpetu si cabe, labio con labio eternamente fundidos en una sola boca.
Toda una eternidad después las manos emprenden su propio camino. Como en un sincronismo imposible las manos de ella y las de él se encuentran en el diminuto espacio entre sus cuellos. Las de él buscan los botones de ella, las de ella bajan hasta encontrar el borde de la camiseta para subirla. Como si de una lluvia tibia de verano se tratara, caen los botones uno a uno, apenas los dedos rozando la piel que arde al contacto. Y las bocas se separar en un infinitesimal suplicio mientras la camiseta vuela por los aires como una bandera que ondeara al viento proclamando su libertad ansiada, para reencontrarse de nuevo con la misma delicadeza y con la misma furia.
Hay un abrazo largo, larguísimo y luego ella se levanta, solo para volver a sentarse, ahora a horcajadas, y volver al abrazo más largo, tan cerca que entre los dos cabe apenas algún suspiro. Siguen las manos el recorrido sin prisa, la espalda y el costado, acompasada la respiración en ambos pechos. Él suelta el cierre del sujetador y con dulzura, casi con reverencia, baja los tirantes mientras la separa de sí, tan solo para contemplarla. Otra mirada prendida entre los dos, pequeñas chispas azules en los de ella, llamaradas de luz en los de él. Otro abrazo que sabe a piel en sombras, a fugitiva querencia, a inevitable delirio… Los pezones se clavan como hierros en la carne del matadero, se castigan los dos en esa lentitud exasperante, rozándose la carne con los dedos, acomodando el furor bajo los párpados para hacer de un instante toda una vida. Se separan los cuerpos y las manos se hablan cuerpo a cuerpo. Él acuna sus pechos con dulzura, roza apenas su rosada punta en un gesto deliberadamente lento, ella aferra su espalda sin quererlo. Y se rinde hacia atrás en una ofrenda que él recibe en sus labios.
El tren sigue su camino inexorable, apagando el paisaje en un túnel oscuro. La velocidad va en aumento, y con ella el movimiento del vagón. Poco a poco la piel se va afiebrando y el control da paso a la urgencia. Ella juega con el botón de sus vaqueros, él recorre sus muslos bajo la falda. Ella baja despacio la cremallera, él recorre con mano diestra la parte de atrás de su tanga. Ella pasa su mano por la tela del boxer, notando su calidez y su firmeza, él bordea su triángulo con mano diestra. Y las bocas de nuevo se separan, ambos de pie guardando el equilibrio en una extraña danza, abrazados los cuerpos y las ganas… Van cayendo al suelo el resto de las prendas, no se sabe muy bien que mano quita, roza, desnuda, pero ambos se abrazan piel con piel y quizás no ha pasado ni un segundo.
Él toma esta vez la iniciativa, desde su boca va trazando un sendero en su piel hasta su vientre. De rodillas la empuja suavemente al asiento de enfrente. Se retira y comienza de nuevo, de los dedos de los pies va subiendo al tobillo, al gemelo, recreándose hasta arrancar una súplica en los labios de ella, mientras siente como se tensa bajo sus labios. No cede ni siquiera cuando ella le agarra la cabeza y tira hacia arriba para que vaya más deprisa, para que llegue a su destino. Él le busca el pequeño hueco bajo su rodilla, la plenitud de los muslos, su contorno, la cadera en sus labios, la cintura, para luego bajar hasta su ombligo. Por favor, y es entonces cuando escucha de nuevo esas palabras cuando baja hasta su sexo húmedo que tiembla, que le espera, que parece amoldarse a su boca, y besarle a su vez. Y su lengua va trazando caminos de fuego alrededor de su clítoris, en sus labios ardientes, para recoger en su cáliz la dulzura que esconde, penetrarla una y otra vez con la lengua y los dedos, mientras la escucha gemir en un sonido ronco y desconocido que le remueve por dentro. Y la deja volar hasta lo más alto, y siente cómo se rinde bajo sus labios, en espasmos de placer. Entonces vuelve hacia arriba para besarla de nuevo, con el sabor a mar bajo su lengua y el deseo pulsándole en las venas.
Ella le aferra y le muerde, dejando a un lado restos de pudor y de mesura. Y como si de una coreografía se tratara, él agarra su cintura para darle una vuelta, y en un solo movimiento la penetra. Ella agarra con fuerza el respaldo del asiento, él agarra sus caderas, las aferra, y se mueve despacio dentro de ella. Nota su suavidad, su calidez, y aunque quiere seguir al mismo ritmo, se aceleran sus ganas. La penetra con fuerza, como si quisiera dejarle una huella muy dentro que nadie pueda borrar. Y en su sexo concentra las caricias, los deseos, el ansia, la pasión contenida, y la empuja una y otra vez, mientras ella le grita frases ininteligibles. Y se agarra a sus pechos y se clava, y se borra el pasado y el futuro, y son solo dos cuerpos que se aman. Y se unen las voces de los dos en el instante último de esa primera vez que parece que fuera más antigua que el mundo.
Y se abrazan los dos, ella se encoge en el asiento y él se deja caer sobre ella, los dedos entrelazados, los cuerpos mojados del sudor y de las ganas. Luego mucho después vuelve la ropa, los abrazos pausados, las caricias, alguna que otra palabra sin sentido. Ni una sola promesa, ni un te quiero, ni quedamos mañana ni lo siento, ni quizás no debimos, ni mi vida sin ti no tendrá sentido.
Unos pasos rompen el silencio de un andén solitario. El andén número siete.
Son las 6:30 de la mañana de un sabado mas en mi vida.Me encuentro en algun punto subterraneo entre la Plaza Catalunya y el Liceu,camino del Paral-lel a bordo de un vagon de metro que traquetea llevando en su interior las vidas de distintas personas.Las ilusiones,los sueños,los planes….mejores o peores,mas eticos o mas despreciables,pero todos navegan aqui a esta en este momento.
Ha sido un servicio mas,la rutina del metro un sabado noche.Ese trabajo en que intentas no ver a las personas ni escuchar o inmiscuirte o hacerte complice de sus cabalas,sino ver solamente acciones.Esto esta bien,genial,no quiero saber nada de ti.esto esta mal…actuemos.¿Y que puedo hacer?¿Que otra solucion me queda?Mientras estoy trabajando no puedo permitirme el lujo de clasificar a la gente en la categoria de “ha cometido un error pase por esta vez” o la de “es un cabron que me esta vacilando”.Para mi no existe esa posibilidad por lo que solo me quedan los hechos,la accion,por mucho que me joda o por mucho que me agrade.
Por ejemplo,ahora que voy en este tren puedo permitirme reflexionar en lo que me ha pasado hace un rato.Nos han llamado para una ayuda a un pasajero.Hemos llegado todo lo rapido que podiamos y mi compañero(un pobre hombre que le faltan 2 años para jubilarse y al que han quitado de su su servicio porque donde lo cumplia ha cerrado gracias a la crisis y mi empresa no le da nuevo servicio para ver si se larga a otra) y yo hemos encontrado a un hombre negro de unos 24 o 25 años tirado en el suelo claramente ahogado en alcohol.Puesto que no habia forma de hacerlo recuperar hemos llamado al SEM y,tras unos 20 minutos de espera se ha presentado la ambulancia.
Cierto que las formas de despertar a un chavl joven borracho perdido tal vez no han sido las mejores,pero yo no soy medico para juzgar y nuevamente no me puedo permitir el lujo de clasificar personas,pero la reaccion del sujeto agrediendo al medico de forma que casi cae a la via…bueno,el caso es que,yo que se,se que no me he pasado,pero al inmovilizarlo,con sus movimientos,se me ha escapado y ha pegado contra un banco de marmol quedando inconsciente…joder,combina una borrachera del carajo con un golpe de esa categoria.Bueno,el medico dice que no tenia nada,de hecho a despertado a los 2 minutos,pero un grupo de estos hippies o defensores de sepa dios que mierdas parece ser que ha visto lo que le ha salido de alli y claro…la primera palabra que les ha salido ha sido:RACISTA,que has agredido al negro.
Coooño,que le ha dado una ostia al medico que lo ha tumbado…pues nada,el racista soy yo.Ahora en este tren me puedo permitir pensar…¿tenian razon?Pues sabeis que he descubierto?Que me la suda.Que me da igual.Que mis ideas son mis ideas y que a pesar de las ideas,creo que tengo la suficiente profesionalidad para cuando me pongo el traje de faena dejarlas a un lado y tratar a todo el mundo d ela misma forma,seas blanco,negro,moro,chino o un hijo de la gran puta muy grande.
Vereis,a bordo de este tren he empezado a revisar las personas que van en el.Las personas,no las acciones.Tengo un hombre de 63 años que lleva toda la noche de pie dando vueltas y que se ha visto metido en este jaleo proque un puto logo amarillo y negro prefiere tenerlo por ahi a ver si se harta y se va que hacerle un poco faciles los 2 años que le quedan en la empresa despues de 26 de servicio(el colega tiene una placa que empieza por 000).
Un poco hacia delante mio viajan dos parejas.La primera se come la boca uno a otra y la otra al uno apasionadamente,pero de esa forma que dices,no es un rollo de una noche,no,hay miradas entre medias,hay caricias…(dios que envidia les tengo y lo que me hace hechar de menos algo asi).La segunda,cogidos de la mano,mas recatados,probablemente añoran los tiempos en que ellos eran asi.
Por detras un grupo de chavales vienen de fiesta.Cantan el himno del Barça y canciones de Fito(tan mal gusto para unas cosas y tan bueno para otras…el ser humano es imprevisible).Probablemente cada uno tenga sus problemas,sus quehaceres,sus miedos…pero con los colegas y unas cervezas y solo 20 años en el cuerpo ya sabemos lo que pasa.
Mas atras un viejo vagabundo dormita.Mi deber seria despertarlo y bajarlo del metro,pero ahora estoy pensando en las personas y que mas me da a mi.Probablemente se haya colado y tendria el deber de pedirle su billete e incluso identificarlo y sancionarlo….pero que ganaria yo con eso??Solo esta durmiendo…aunque bien pensado,detras suyos hay un trio de chavales jovenes,moritos en este caso,que ya le han puesto el ojo encima…lo despierto y le aviso que cuide sus cosas.Solo escucho un lejano gruñido y las miradas del trio clavadas en mi mientras una chica joven levanta la vista lo justo de su libro para contemplar la escena y vuelve a hundirse quien sabe si entre las paginas de su novela o en sus problemas y ansias personales….quien sabe.
Por ultimo,al fondo del vagon,dos amigas se apretujan y una consuela a la otra que tiene la cabeza agachada hecha un mar de lagrimas.Por lo poco que entiendo el novio la dejo por alguna otra y la han hechado del trabajo para meter a una extranjera(lo dice ella,no yo,eh?) que cobra 350€ menos…Me miran.Las miro.Sigo con lo mio…¿que puedo hacer?¿decirle que hay 4 millones de personas asi en este pais? ¿decirle que su ex es un gilipollas por no ver lo guapisima que es(lo cierto es que lo era)?Sigo llevando el uniforme puesto,no la conozco de nada,la amiga me empieza a mirar como a una mosca muerta en su plato de sopa….
En fin,vidas.Vidas que te hacen reflexionar sobre la tuya propia mientras ahora camino por el anden de la estacion de Paral-lel…pero algo esta pasando.Hay varios compañeros,varios Mossos y personal sanitario.Nuestro jefe se nos acerca y nos dice que pasemos rapido que las camaras estan grabando.Esta claro que ha habido lio.Al pasar vemos a varios latinos detenidos en el suelo y las novias gritando tambien esposadas….Mierda.Hay un compañero en el suelo.Sangre.Mucha sangre.Nuestro jefe nos empuja hacia el pasillo de seguridad.Preguntamos que ha pasado.Han agredido a una compañera y en la tangana posterior le han dado una puñalada.
Pasamos al vestuario.Ninguno nos cambiamos,esperamos.Esperamos.Llega el responsable.Gracias a Dios solo ha sido algo muy superficial.La cantidad de sangre era mas por uno de los detenidos que en la trifulca le han roto la nariz y dos dientes.El compañero ha tenido suerte,solo le ha hecho una raja en el costado…si le llega a entrar,mejor no pensarlo.Se plantea la pregunta:¿Por que?Porque una de las chicas ha intentado colarse,la compañera la ha parado y el novio le ha dado una ostia en el cuello.Por 1,35€.Por putos 1,35€.Vienen desde 8000km para matar a alguien por 1,35€….a la mierda.No es justo,no es humano,no es logico.
Vuelvo a casa escuchando musica.Si hay,españoles cabrones,pero curiosamente todos los que veo de camino a casa van correctamente mientras encuentro a 2 moros fumando por la puta cara en el vagon,un rumano meando al anden y 2 sudamericanos colandose en la estacion a la que llego.
Tiene razon el payaso aquel que me gritaba que soy rascista??Me la pela.Me importan las vidas de cada uno.Las vidas de aquella pareja,las de la chica que no tenia novio ni trabajo,las del negro borracho,los latinos asesinos,el compañero que se ha salvado,la compañera que esta dolorida,el compañero al que le quedan 2 años para jubilarse y la mia.Me importa mi vida.Mis sueños,mis ilusiones y mis esperanzas que con tanta mierda son cada dia menos y mas lejanas.