Archive for Mayo, 2009

Hoy

Viernes, Mayo 15th, 2009

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San Antonio de Bejar (Texas). Seis de Marzo de 1836.

Hacía unos pocos minutos que se había separado de ella y ya la echaba de menos. Un rudo hombre como él reconocía en lo más profundo de su ser que sus miedos lo eran menos cuando la tenía al lado. Y ahora sabía que se enfrentaría al más grande sin ella, y lo que era peor: No la volvería a ver. El General Santa Ana, en un gesto, no se sabe si de generosidad, caballerosidad o simple piedad, había permitido a las mujeres y niños que aún había en la Misión salir libremente de ella, sabiendo que quien se quedara estaba condenado irremisiblemente a la muerte.

Hasta hoy, las palabras Libertad, Patria, Independencia habían salido de sus labios los últimos días como si fueran lo único importante en el mundo, como si no existiera otra cosa fuera de esos conceptos, tan bonitos como inútiles en ése momento. Ahora lo que le importaba es que ella se hallaba fuera del alcance de sus brazos y de sus besos, y que abrazarla era lo único que anhelaba en ésos instantes.

El primer cañonazo retronó a lo lejos y pudo oir la gran mole de acero incandescente surcar el aire hasta explotar con un mortal estruendo cincuenta metros detrás de la balaustrada donde él se hallaba parapetado. El ruido era espantoso, pero lo peor era el silbido del obús surcando el cielo, que hacía rezar al más valiente para que callera a la suficiente distancia. Éste no era para él.

¡Ya vienen!-gritó un hombre.

Pudo ver como unas cuadrículas de soldados, elegantemente ataviados, comenzaron a avanzar lentamente frente a donde él se encontraba. Apuntó cuidadosamente a la figura que, por experiencia, detectaba como un mando, posiblemente un sargento que estaría tan muerto de miedo como él mismo. La voz de David, el famoso David Crockett se alzó como un rugido sobre el ruido de la artillería.

¡Aguantad!- gritó- ¡Asegurad el blanco!

Había sido un verdadero apoyo contar con el senado Crockett y sus hombres durante esos días, fieros hombres con una puntería envidiable y corazones de león en la batalla.

Siguió apuntando cuidadosamente sobre el hombre, al que ya podía ver más claramente. Era un veterano suboficial que arengaba a los suyos disimulando el pavor que sentía en esos momentos. Seguramente había visto ya caer a muchos de los suyos en esas doce terribles jornadas de lucha, sangre, fuego y dolor, y ahora debía presentir que podía ser él el siguiente en caer. No se equivocaba. A esa distancia el disparo era seguro.

Cuatro columnas avanzaron por todos los costados de la Misión franciscana, de forma lenta pero segura e inflexible. Los hombres que se parapetaban tras los derruídos muros rezaban interiormente sabiendo que su final se hallaba cerca, pero sin dejar de apuntar a otros hombres que, a su vez, también rezaban.

“Mamá… mamá… quiero salir de aquí… no quiero mori” se repetía incesablemente, sabiendo que su ruego no sería escuchado…

¡Fuego! -gritó una voz.

La descarga de fusilería fue cerrada y varias figuras cayeron al suelo a unos cincuenta metros. Sin embargo, el resto de soldados siguió avanzando con irresoluble determinación. Tenían que recargar rápidamente sus armas si querían tener la oportunidad de un nuevo disparo, que sabían inútil.

Tres granadas estallaron en el interior de la misión haciendo caer cubiertos de sangre y vísceras a varios hombres. Esa debía ser la señal, porque los hombres que avanzaban caminando, empezaron una loca carrera llena de gritos y juramentos. La baqueta resbalaba de sus manos cuando intentaba apretar la pólvora, la bala y el trozo de cuero que serían mortales para otro ser humano en caso de poder acabar su recarga.

Cuando lo consiguió, ya algunos soldados trepaban por las toscas escaleras que habían apoyado en los muros los mexicanos. Solo le dió tiempo para disparar en pleno rostro a un muchacho de no más de veinte años que lloraba mientras gritaba con un fusil en la mano en una loca carga. Su cabeza se convirtió en un amasijo de carne, huesos, sangre y sesos, prácticamente desaparecida encima de su cuello.

Se replegó junto a otros al interior del patio de la Misión, intentando tener tiempo para un tercer disparo, pero ya las defensas estaban superadas y los soldados corrían como una marea sin control por los muros de la edificación. No les daba tiempo a cargar, por lo que asió su fusil a modo de maza y esperó la muerte junto a sus camaradas…

“Mamá… mamá… quiero irme de aquí” -le volvió a repetir su estúpido cerebro.

Consiguió descargar un fuerte golpe con la culata de su fusil en la cabeza de un soldado que corría bayoneta en ristre hacia él… otro hombre recibió un fuerte revés en el hombro, pero otros cuatro se abalanzaron sobre él, con sus relucientes bayonetas encaradas a su pecho…

Sorprendentemente no sintió dolor alguno. Solo una falta de aire y una sensación caliente recorriendo su vientre lacerado.

“Mamá… ¿Por que no me has sacado de aquí?”…

Cayó al suelo vomitando sangre. La batalla del “Alamo” había terminado para él. Sería parte de una leyenda…

-Borken-

La chica del anuncio

Viernes, Mayo 15th, 2009

Publicado por Pez_Burbuja en “Cuentame una foto”

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No me considero un tipo raro. Un poco arisco en ocasiones, muy mío, pero no raro. Mi vida a veces parece una sucesión de idas y venidas, se diría que mis días tienen treinta horas pero no me quejo, me gusta estar siempre ocupado, quien sabe, es posible incluso que sea un hiperactivo sin diagnosticar. Tengo un trabajo cómodo, una mujer increíble, un pequeño grupo de amigos que matarían por mí… Vamos, lo dicho, un tipo de lo más normal.

Pero tengo un secreto ¿y quien no?. La chica del anuncio. Paso cada mañana frente a un cartel inmenso pegado a la carretera y siempre me quedo mirándola como si fuera la primera vez. Sé que es increíble pero no podría decir qué es lo que anuncia. Pero tiene una melena pelirroja que le llega justamente por debajo de los hombros, del color exacto de una chimenea encendida en pleno invierno. Sus ojos verdes encierran un millón de pequeñas estrellas doradas. Tiene dieciocho pecas en la cara y sus labios rosados se curvan en una sonrisa traviesa hasta el infinito. Me espera tumbada, con un bikini azul eléctrico que contrasta con su piel blanquísima salpicada de lunares. Quizás le sobran algunos kilos, pero parece feliz con ello. Su sonrisa es la de una mujer que se sabe deseada, a pesar de sus exhuberantes pechos y sus muslos generosos. Una y otra vez me quedo observándola mientras ella me sonríe ahí, tumbada lánguidamente y siento el mismo cosquilleo en el vientre, ese pellizco en el estómago que baja hasta convertirse en una pulsión de deseo contenido.

Mi vida es absolutamente normal. Trabajo mucho, salgo con mis amigos, disfruto con mi chica… Pero cuando estoy solo no puedo evitar pensar en la chica del anuncio y sentir de nuevo cómo el deseo se apodera de mí. Mi mano se aferra a mi sexo con lujuria, con desesperación imaginando a aquella mujer que ni siquiera conozco pero que me sonríe, que me espera tumbada en un lugar de quien sabe donde. Me masturbo pensando en ella frente a mí, observándome en silencio, quieta como una gata en celo esperando para abalanzarse sobre mí…

Quizás podría buscarla, no sé, averiguar como se llama, de donde es, solo por curiosidad, conocerla… Alguna vez incluso me lo planteé pero descarté la idea. Seguramente me decepcionaría, nada es comparable a ella y esa fotografía, ese momento absolutamente mágico… Ella no envejecerá nunca, no se convertirá en mi amiga ni en mi amante, no me pedirá nada, no morirá antes que yo. Ella será siempre la chica del anuncio.

Pez_Burbuja

Descubrir el mundo

Viernes, Mayo 15th, 2009

Publicado por Belial en “Cuentame una foto”

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Hoy ha llegado el día de descubrir el mundo desde lo mas alto, las ganas de salir me golpean el pecho y animado por mis padres me lanzo al vacío mucho antes que el resto de mis hermanos.

La primera impresión es que el mundo que me sostenía desaparece y me encamino hacia el abismo a una velocidad demasiado grande por lo que me impulso a agitar las alas con toda la fuerza que me es posible para intentar evitar el golpe, y milagrosamente veo que me consigo mantener y levantar el vuelo.

Empiezo a elevarme y miro el nido desde el aire, observando a mis hermanos que miran al vacío sin ánimos para salir, yo sigo hacia lo alto todo lo que puedo dejando abajo mi árbol, todo el mundo que he conocido a lo largo de mi corta vida para observar el resto del mundo en este mi primer viaje por las nubes.

Deseo sentir de nuevo que me atrae la tierra hacia el suelo y plego las alas y me dejo caer notando el aire en la cara y sintiendo el aumento de velocidad, soy libre.

Cuando paso el árbol de nuevo y veo que ya algún hermano mío se ha animado y como mis padres me miran con expresión de asombro, remonto de nuevo a agitar las alas y me elevo otra vez como hice la primera, dejando esta vez el suelo bastante mas cerca de lo que hubiera sido mi intención.

Por hoy ya tuve bastantes emociones y decido simplemente pasear por el aire.

Me vuelvo a elevar y observo las pocas nubes que hay en el cielo, siguen estando muy altas pero algún día estoy seguro de que lograré llegar hasta ellas, veo las grandes construcciones de los hombres que por primera vez no me cubren con su sombra sino que soy yo quien los da sombra a ellos, veo el horizonte lejos de mi alcance, al menos de momento y veo allí mas lejos cada vez mi árbol.

Empiezo a sentirme cansado y regreso junto a mis padres que ya deben estar preocupados no sin antes volver a sentir, aunque solo sea un poco, la sensación de velocidad que me dio cuando me lancé del nido.

Hoy ha sido un gran día y mañana habrá que repetirlo.

-Pedro-

Soñar contigo

Viernes, Mayo 15th, 2009

Publicado por Belial en “Cuentame una canción”

La noche ha caído pese a mis intentos por mantenerme despierto, agotado de tanto llorar retorciéndome por dentro debido a su marcha, desesperado por desconocer el motivo de porque se fue.

No se si quiero siquiera soñar que vuelve, la ilusión de una noche agradable quizá me doliera mas al despertar.

A media noche suena la puerta y extrañado salgo a abrir la puerta, cuando estoy ante el descansillo no veo a nadie en el rellano y pienso que es una broma de alguien que no tiene nada mejor que hacer que atormentarme.

Al girarme me la encuentro mirándome, apoyada en la escalera que sube hacia el piso de arriba, lleva un abrigo largo y tiene la cabeza inclinada hacia el suelo y mirándome de reojo me saluda.

No se como responder, me quedo extrañado y le pregunto que quiere a lo que responde que si la voy a dejar entrar o prefiero salir a pasear, la tomo la palabra y bajamos a la calle.

Hace frío y no me salen las palabras, no se que decirle ni se que es lo que quiere.

Mientras estoy pensando en como romper el hielo noto que me coge de la mano y me da un beso en la mejilla, me vuelvo a mirarla y me dice un lo siento y perdóname que me paraliza y sin poderlo evitar la abrazo y comienzo a llorar como un niño mientras me acaricia la cabeza.

La miro y la beso en los labios y desconociendo como, me percato de que bajo el abrigo no lleva nada, cosa que no desentona porque yo tampoco llevo mas que el pantalón corto que uso para dormir.

Nos abrazamos y aparecemos en mi habitación besándonos como si nos fuera la vida en ello. No la quiero perder, deseo que dure esto para siempre que no vuelva a desaparecer, que no se me escurra entre los dedos mientras me mira sonriendo sentada sobre mi, solo con su abrigo absolutamente desabrochado.

La noche sigue avanzando y cuando comienza a amanecer me entra miedo, no se porque pero pienso que el día hará desaparecer su imagen e intento agarrarla para que no desaparezca, me abrazo a ella y empiezo a gritar mientras un viento frío entra por la ventana y empieza a barrerla como si fuera arena de playa hasta que me dice adiós y desaparece arrastrada por el viento.

Intento seguirla y me lanzo detrás de ella por el hueco de la ventana siendo arrastrado irremediablemente por la ley de la gravedad hasta el asfalto reventándome contra el y llorando otra vez su pérdida.

Me despierto en el suelo, con un dolor considerable en la cabeza al haberme golpeado al caer contra la mesilla, la ventana se ha abierto y entra el agua y el frío aire de la tormenta que se ha levantado por el hueco dejado por ella. No quiero levantarme ni a cerrarla.

Prefiero quedarme en el suelo encogido y llorando, deseando que regrese el sueño que me abandonó.

-Pedro-

El triunfo de la noche

Domingo, Mayo 10th, 2009

El Sol despuntaba en lo alto cuando despertó. Intentó abrir los ojos pero la luz le cegaba. Las sienes le golpeaban como si fuera a estallarle la cabeza y no conseguía incorporarse. Le dolía todo el cuerpo.

La fuerte sed que sentía le obligó a reunir todas sus fuerzas para coger el vaso de agua que siempre tenía en su mesilla. A tientas lo encontró y lo apuró de un sólo trago. Intentó de nuevo abrir los ojos. ‘¿Pero qué hice yo anoche?’, pensó. Intentó recordar, pero vagamente se acordaba de nada. Recordaba el principio de la noche, cuando quedó con su buen amigo Paco para ir a cenar a ese restaurante recién inaugurado. También recordaba que tras la cena fueron a la discoteca de moda de la ciudad. Allí bebieron, bailaron, volvieron a beber… ni siquiera se acordaba de cuándo salieron de la discoteca, ni mucho menos de cómo consiguió llegar a casa.

Haciendo un gran esfuerzo consiguió incorporarse levemente, sentándose en la cama. Observó su habitación. Un revuelo de ropa yacía en el suelo. Observó un bello vestido de noche junto a su camisa y un par de zapatos de tacón. Una pícara sonrisa se dibujó en su rostro. ‘Jeje, he triunfado’, se dijo, ‘pero, ¿dónde está ella?’.
El ruido de la ducha le despejó sus dudas. Sigilosamente se acercó a la entreabierta puerta del baño y escrutó su interior. Allí estaba ella, duchándose. La cortina de la ducha dibujaba una escultural silueta de mujer. La prominencia de sus senos le alegró aún más. Había triunfado… ¡y encima con un pibón!

Desanduvo sus pasos y rebuscó entre sus ropas su teléfono móvil. Esto lo tenía que saber su amigo Paco, y lo tenía que saber ya:

-Paco, tío tío, anoche triunfé!!!

-Mario, tengo que decirte algo…

-Paco, tío, y encima está cañón!!!

-Mario… espera… tienes que saber…

-Qué tetas tiene, tío!!!

-Mario… por favor… escucha… Nos la han pegado… ¿dónde está ella ahora?

-En la ducha, tío. En cuanto salga la llevo a la cama de nuevo.

-Mario, en cuanto salga de la ducha que se vista y se vaya. La mía se acaba de ir… ¡y maldita la hora que me he despertado antes de que se fuera!

-Pero Paco, tío, que esto no pasa todos los días.

-Por supuesto que no pasa… afortunadamente. Te repito, que se vista y se vaya… y que no te vea, no es trigo limpio.

-Paco, eres un paranóico, tío. Tú haz lo que quieras, yo voy a aprovechar que tengo un pibón en casa.

-Tú mismo, Mario, yo ya te he avisado. Ya me contarás. Adiós.

El ruido de la ducha paró. Emocionado, Mario se dirigió de nuevo a la puerta del baño. Allí seguía ella, secando su bello cuerpo con una toalla. Una larga melena adornaba su espalda. El reflejo del espejo le devolvía a Mario la imagen de sus grandes senos. No pudo resistir por más tiempo la tentación y entró. Tenía que repetir lo que quiera que hubieran hecho la noche anterior. La rodeó con sus brazos por detrás y acarició sus senos. Ella se dejó hacer y comenzó a contonearse lentamente, rozando su cuerpo contra el de él. La excitación de Mario iba en aumento. Comenzó a recorrer con sus manos todo el cuerpo de ella. Sus senos, sus brazos, su cintura, su vientre, su… ¿¡¿miembro?!?

Dios!!! Ahora lo entendía todo. Ahora entendía las advertencias de su amigo. ¿Qué había hecho? La giró bruscamente separándola de su cuerpo. Las naúseas invadieron su estómago y huyó despavorido de la escena. Ella soltó una gran carcajada, recogió sus cosas y salió del apartamento en busca, ¡quién sabe!, de otro inocente hombretón necesitado de ‘mujer’.

Mario y Paco no volvieron a hablar de aquella maravillosa noche en la que ‘triunfaron’.

-Placman-

Tu sabrás

Domingo, Mayo 10th, 2009

Personalmente no soporto el “TÚ SABRÁS”.
Llegas a casa tras pasar el día luchando en esta jungla a la que llamamos Sociedad y notas que se masca la tensión. Amablemente, y desde tu ignorancia, preguntas:
-Cariño, ¿te pasa algo?
Estás perdido. Ella, que lleva horas esperando que la hagas esa pregunta, escupe su lapidaria respuesta:
-Tú sabrás.
En ese momento se para el mundo, te sientes como un grano de arena a los pies del Everest. ¡Madre mía! Yo qué voy a saber, si acabo de llegar a casa. Se te activa el mecanismo de supervivencia y, en décimas de segundo, repasas mentalmente las últimas 24 horas de tu existencia buscando un posible conflicto. NADA. Estás bloqueado. Pero no puedes reconocer que no sabes de qué habla pues estarías más perdido todavía, la pondrías en bandeja de plata tu cabeza. NO. Tienes 2 opciones:

a) Hacerte el gracioso para quitar hierro al asunto con frases tipo “-vaya, estás enfadada, entonces de follar ni hablamos, nooo?…” (Opción poco aconsejable).

b) Decir -cariño, lo siento, de verdad, perdóname, no volverá a pasar (aunque verdaderamente no sabes por qué estás pidiendo perdón). Aquí ella seguramente te pregunte
-¿pero sabes de qué estoy hablando?
-Nnnnnssssiiiiii? Plof! Perdido otra vez. (Mejor opción que la a), pero tampoco buena).

SOLUCIÓN:

Busca una excusa tipo “-vaya, me he dejado la agenda en el coche, ahora vuelvo y hablamos”.
Llama a un amigo (uno que le caiga bien a ella, claro):
-Tío, crisis conyugal, vente “pa” mi casa ya.
Regresa a casa con tu amigo como si os hubierais encontrado casualmente, invítalo a cenar y a ver una película larga, muuuuy larga. Como cuando por fin se va tu amigo se ha hecho muy tarde, no queda otra que irse a la cama (por supuesto esta noche no intentes nada). La tensión habrá disminuido y mañana será otro día, seguramente otro “TÚ SABRÁS”.

-Placman-

Te echo mucho de menos

Domingo, Mayo 10th, 2009

Publicado en el hilo “Cuentame una foto”

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Ya hace casi 2 meses desde q marchaste.

Los dias se me hacen muy largos sin ti, te echo mucho de menos.

Hoy no he podido evitar volver a abrir nuestra caja, esa caja q compartimos con nuestras fotos, y una tras otra me han hecho volver a recordar los momentos vividos contigo, los lugares a los q siempre quisimos ir, y volver…

No he podido contener las lagrimas, al ver una foto de cuando eramos niños, esa foto q nos hizo mi padre sin q nos dieramos cuanta, cuando marchabamos al colegio cogidos de la mano.

Parece q te estoy escuchando cuando me decias, q por mi culpa otra vez llegabamos tarde, y q la señorita Pili nos iba a castigar.

Hace mucho tiempo de eso, pero lo recuerdo como si fuera hoy, lo mismo q recuerdo, cuando terminamos los estudios, y me dijiste, q siempre estariamos juntos, pasara lo q pasara.

Y asi ha sido, siempre a mi lado, para lo bueno y para lo malo, siempre has estado cerquita mio. Si yo caia, tu eras quien me levantaba, si yo reia, tú eras feliz, mi pañuelo de lagrimas, mi mundo, mi alegria, mi amigo, ese eres tú.

Que ganas de estar contigo Miguel…

Vaya, me estoy dando cuenta, que no te estoy dejado abrir el pico en este café imaginario, y q estoy muy sentimental, pero es q te extraño mucho y espero q vuelvas pronto, repleto de historias q contarme, y q ya no marches.

Las letras se comen el papel Miguel, y tendria mil cosas q decirte,
te las cuento a tu regreso…

Siempre te quiere, Ali.

-Tres-

Desnuda

Domingo, Mayo 10th, 2009

Publicado en el hilo “Cuentame una Foto”

Ya creía olvidado el significado de la palabra vergüenza, pero aun así tiene un nudo en el estómago mientras camina por el estrecho sendero formado por viejos tablones. Al fin llega a la arena, y se quita las chanclas, que se balancean indolentes en sus dedos. Se para y cerrando los ojos inhala de un golpe todo el oxígeno que sus pulmones son capaces de retener. El olor a salitre llena su pecho y su cuerpo se estremece con aquella dosis de energía que parece extenderse dentro de ella. Entonces abre los ojos.

El mar aparece inmenso ante su mirada. Un decorado infinito de celofán azul que ondea al viento, roto por pequeñas grietas blancas que dejan rastros de ciudades perdidas, de barcos fantasma, de recuerdos gastados… No hay un año que no se escape al menos una vez de su ciudad para ir a ver el mar.

Sin embargo este año es distinto. Mientras dirige sus pasos hacia una zona despejada de la playa baja los ojos, aunque no puede evitar alguna mirada de soslayo hacia sus flancos. No hay mucha gente, aquí una familia con dos niños, un poco más allá una pareja tomando el sol, acá un hombre durmiendo la siesta…

Deja la toalla lentamente en la arena, alisando invisibles pliegues mientras retrasa el momento. Pero no hay escapatoria. Es una tortura que ha elegido voluntariamente, por lo que no hay vuelta atrás. Despacio se quita el nudo del pareo y lo deja caer al suelo. Después se desabrocha la parte superior del bikini, que cae sobre la toalla. Y por último se despoja de la parte inferior en un gesto en apariencia indiferente, aunque en realidad no lo sea.

Ariana es una mujer menuda, de unos treinta y cinco años. Un rostro ovalado enmarca una cara aniñada en la que destacan unos ojos del mismo color del mar que tanto venera. Su pelo ondea al viento en una cascada rubia que termina a media espalda. Tiene unos senos firmes y bien proporcionados, una cintura estrecha y unas caderas menudas que dan paso a unas piernas largas y torneadas. Su piel es nívea, sin una sola señal de haber tomado el sol con anterioridad. Y en mitad del pecho, como un estigma, una cicatriz sobre el esternón que baja hasta casi el ombligo, la verdadera razón de su vergüenza.

Más allá del pudor ante su propia desnudez, Ariana se siente repugnante con aquel costurón partiéndole en dos el cuerpo, incapaz de provocar en alguien un sentimiento que no sea asco o compasión, ninguno de ellos fácilmente soportable. Es la primera vez que se muestra desnuda ante alguien, aunque allí nadie la mira porque todos van igual. Aprieta los dientes en un gesto de férrea determinación y se sienta en la toalla. Así se siente al abrigo de miradas indiscretas que puedan descubrir su secreto. Al cabo de unos instantes se tumba dándose la vuelta y coge un libro de su bolsa de playa. Enseguida aquellas páginas le hacen olvidarse de donde está y por qué.

De repente una voz le devuelve a la realidad. Disculpa, ¿puedo? Ariana levanta la vista para encontrarse con unos ojos negros, insondables en un rostro apuesto que en ese momento tiene un gesto burlón. Lleva una camiseta amplia, unas bermudas enormes y una bolsa que deja sobre la arena a su lado. Por unos momentos ella no sabe a qué se refiere hasta que se da cuenta que le ha pedido sentarse a su lado a lo que ella asiente antes de darse cuenta. De todos modos tampoco parece un hombre que vaya pidiendo opinión para hacer lo que quiere.

Nunca había estado en una playa nudista, dice él estoicamente mientras va dejando caer las prendas al suelo, y por tu color he pensado que tú tampoco lo habías hecho antes ¿me equivoco? No, dice ella mientras baja la vista avergonzada. Es la primera vez que ve a un hombre desnudarse a su lado y la experiencia está resultando perturbadora. Él estira la toalla y se coloca boca abajo cerca de ella. Saca un cigarrillo y le ofrece, ella rehúsa. Lo enciende y comienza a fumar con fruición, como si llevara años sin hacerlo. Empieza a hablar del tiempo, de la playa, de música… a lo que ella va contestando a ratos sintiéndose cada vez más cómoda con aquel extraño que de vez en cuando se queda callado y la mira con una sonrisa enigmática en sus labios.

Al cabo de un tiempo de conversación él le comenta que se van a quemar si siguen tanto tiempo boca abajo. Acto seguido se da la vuelta, quedándose sentado en la toalla. Ella quiere darse la vuelta, siente escozor en la espalda y piensa que si ha ido allí ha sido precisamente para liberar a sus fantasmas, pero sin embargo aquel extraño ha ido calando en ella y ahora no quiere que se marche. Y sabe que si se da la vuelta él se irá. Distintos pensamientos se arremolinan en su cabeza hasta que incapaz de aguantarlo se da la vuelta despacio, muy despacio.

Apresuradamente le mira para dejar en su retina su imagen antes de que él se levante y se vaya. Pero los segundos pasan y no se mueve. Ella se aventura a mirarle al rostro y sorprendida, le ve mirándola a los ojos y sonriendo. Entonces él deja resbalar su mirada despacio por su rostro, bajando como una caricia por sus hombros, sus pechos, su vientre, su sexo, sus piernas, sus pies, para volver de nuevo a mirar su rostro. Ella no ve en el fondo de aquellos ojos negros e insondables compasión, tampoco repulsión. Solo ve una cierta curiosidad y algo más brillando en el fondo. Deseo. No lo ha visto antes pero lo reconoce. Deseo como el que en ese momento atenaza su garganta y aprieta sus entrañas. Se siente hermosa, por primera vez en su vida se siente hermosa. Y sonríe.

Pez_Burbuja

El sol sobre el lago

Domingo, Mayo 10th, 2009

Publicado en el hilo “Cuentame una Foto”

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El Sol se reflejaba en el lago cuando llegamos hasta allí, estaba bastante mas nervioso que ella, todo había comenzado como una broma que se fue haciendo grande a medida que hablábamos de ello, ahora estábamos en la orilla dispuestos ambos a demostrar que no nos echábamos hacia atrás ninguno de los dos.

Todo empezó en un noche de juerga con mi prima que había venido de visita, yo le hablé de un lago muy bonito que estaba cerca pero muy escondido para los que no eran del pueblo, ella dijo que estaría bien darse un baño esta noche que hacía mucho calor, yo le seguí la corriente pero no la creía, ella me acusó de que no me atrevía a ir a bañarnos desnudos al amanecer, yo la acusé de lo mismo y al final hemos acabado aquí los dos.

El agua aparentaba estar mas fría que el ambiente exterior y su superficie resplandecía dando la bienvenida al Sol que asomaba desde el otro lado de la montaña, no se veía un alma en las proximidades y nos miramos, tras un rato ella se animó y comenzó a descalzarse y yo la seguí procurando no mirarla mucho aunque el esfuerzo era tan duro que tuve que ceder a mi voluntad en mas de una ocasión.

En un momento en que deje de mirarla por el rabillo del ojo consiguió desvestirse y meterse en el agua a la carrera, que acompañó con un grito por la temperatura del líquido elemento.

Allí estaba yo, en calzoncillos mirando como saltaba en el agua para recuperar la temperatura, la estampa era algo ridícula por mi parte, al final me decidí y terminé de quitarme lo que quedaba de ropa y entre al agua junto a ella.

Lo primero que hizo fue empezar a echarme agua entre carcajadas, yo fui detrás y la cogí por la cintura a lo que ella se revolvió para evitar que la pudiera hacer una aguadilla, dando la vuelta y en un acto reflejo pegarse a mi y cruzar sus piernas en torno a mi para evitar que la hundiera, sin darse cuenta, al menos en un principio del peligro de la postura.

Ambos notamos que la situación se nos iba de las manos pero ella no bajó su presa, se quedó mirándome y acercó su boca a la mía mientras yo notaba como otra humedad aparte del agua, recorría mis piernas.

En ese preciso momento me desperté, jamás me sentó tan mal el final inesperado de un sueño, pero la humedad de mis piernas era real.

La noche anterior si estuvo mi prima vacilando sobre el lago y bañarse al amanecer sin ropa, pero en la vida real me pudo mi sentido de la ley y me impidió aceptar su propuesta sobre todo sabiendo que el baño en el estaba prohibido.

Que tonto fui, pero mientras me insultaba por lo tonto de la situación notando la boca pastosa por el alcohol ingerido la noche anterior y me decidía entre levantarme para ir al baño llamaron a la puerta, era mi prima, que dormía en la habitación de al lado, que no podía dormir y le apetecía compañía, aprovechando que todos dormían y me preguntaba si quería compartir el resto de la noche con ella.

-Pedro-

Le quería como a nadie

Domingo, Mayo 10th, 2009

Publicado en el hilo “Cuenta una canción”

Le queria como nunca habia querido a nadie y como sabria que jamas podria volver a querer a otro hombre. Le queria más que asi misma, a veces con un amor egoísta, ese amor que pretendia que solo la mirara a ella, y a veces le daba miedo, mucho miedo, sabia que él era especial, que era unico en el mundo, y por eso estaba enamorada, pero creia que en ocasiones le podia estar agobiando, le podia estar coartando su libertad, solo podida pedirle perdon por quererle de esa manera, por quererle con el alma, era su vida, y él lo sabia. Tenia miedo de perderle de no merecerse su amor, de que un dia y sin darse cuenta se escapara de su vida y no disfrutaba de todo el amor que él le bridaba, que era mucho, posiblemente mucho más de lo que ella se merecia.

Ella lo sabia y solo podia decirle: Perdoname por quererte tanto, quiero acariciarte, no quiero perderte, no quiero agobiarte, estoy aquí y solo necesito que me ames.

Edelweiss