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	<title>Los escritos del Cafe</title>
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	<description>Recopilación de escritos del Cafe de la Tertulia</description>
	<pubDate>Thu, 18 Nov 2010 16:32:31 +0000</pubDate>
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		<title>Una historia cualquiera</title>
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		<pubDate>Wed, 12 May 2010 14:05:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Funakoshi]]></category>

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		<description><![CDATA[Había trabajado el turno de noche así que cuando llegué a casa no puse mucho empeño en ordenar la ropa al quitármela. La dejé de cualquier manera y me dejé caer encima de la cama dispuesto a dormir y descansar después de la dura noche de trabajo. Empezaba ya a despuntar el día. Un día [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Había trabajado el turno de noche así que cuando llegué a casa no puse mucho empeño en ordenar la ropa al quitármela. La dejé de cualquier manera y me dejé caer encima de la cama dispuesto a dormir y descansar después de la dura noche de trabajo. Empezaba ya a despuntar el día. Un día caluroso y sofocante de Agosto pero estaba seguro de que eso no me impediría dormir. Demasiado cansancio y sueño atrasado.<br />
De pronto el atronador ring ring del teléfono casi me hizo dar un salto de la cama. Dejé que sonase, pensando que el que llamaba se cansaría y colgaría pero parecía que no tenía intención de hacerlo así que, después de que sonase doce ó quince veces, descolgué el auricular y una voz conocida, de hombre, al otro lado empezó a hablarme de forma alterada, palabras, frases inconexas que yo tuve que ordenar mentalmente para entender lo que me estaba diciendo. Le dije que ahora iba donde él se encontraba y me vestí rápidamente. El sueño y el cansancio habían desaparecido y mientras conducía mi coche por las calles semidesiertas a aquella hora los recuerdos vinieron a mi mente.<br />
Había conocido a Daniel por cuestión de mi trabajo. Un día, durante un dispositivo en una casa en la que vendían droga, mis compañeros lo habían cogido en el momento en que salía de dicha casa de comprar cocaína. Necesitábamos que nos facilitase unos datos del interior de la vivienda así que fui al coche donde lo teníamos metido y empecé a hablar con él intentándome ganar su confianza. Ese día yo era el poli bueno.<br />
Unos veintisiete años, cabellos bien cortados, limpio y bien vestido. Lo que se dice un chico normal, muy distinto del aspecto desastroso y enfermizo de la mayoría de yonkis, muchos mas jóvenes que él, con los que habitualmente convivíamos en el barrio. Saqué un cigarrillo, le ofrecí uno a él, y comenzamos a fumar callados sin decir nada ninguno de los dos. Como si en ese momento lo importante fuese disfrutar del cigarro. Se le veía tenso, nervioso, la actitud de alguien que no sabe que derroteros va a tomar la situación en la que se ve metido. Seguimos así durante unos minutos hasta que, de pronto comencé a hablarle. Con calma sin demostrar ningún tono amenazante, exponiéndole claramente la situación en la que se encontraba y lo que esperábamos de él.<br />
Colaboró plenamente facilitándonos los datos que necesitábamos y, mientras los compañeros seguían con el operativo, esperando el mejor momento para entrar en la casa, yo me dirigí con el chico a comisaria. Tenía que comprobar unos datos y rellenar varios formularios. Además, no podíamos exponernos a que, una vez libre, avisase a los de dentro. Una posibilidad remota, con lo acojonado que estaba, pero que existía.<br />
Llegamos a las dependencias, nos metimos en un despacho y mientras yo hacía las llamadas y hacía el papeleo, el sentado en una silla, enfrente de mí fumaba un cigarro. Cuando terminé yo también me dispuse a fumar un cigarrillo. Lo miraba y veía un joven normal, que seguramente tendría unos padres normales y un trabajo normal.<br />
Comenzamos a hablar de cosas intranscendentes derivando casi sin darnos cuenta a temas más serios. Me daba cuenta de que, imperceptiblemente, iba cogiendo confianza, que no me veía como un policía dispuesto a buscarle problemas. Yo me daba cuenta de la situación y en un determinado momento le hice notar mi curiosidad por saber como un chico como él, seguramente de clase media y con buenos estudios, había llegado a volverse un toxicómano. Se mantuvo callado, pensativo durante unos instantes hasta que lentamente comenzó a contarme su historia:</p>
<p>Él, Daniel, había tenido una buena infancia. Sus padres, ambos profesores de magisterio se habían encargado de que la tuviese y de darle una buena educación. Y no desaprovechó la oportunidad que la vida y los sudores de sus padres le había dad: Bachillerato, Universidad estudiando Económicas y, cuando se Doctoró, un puesto de dirección en una multinacional. Si, la vida le había sonreído…. Hasta aquella maldita Nochebuena de hacía siete años en que un todoterreno con el conductor borracho embistió el coche en el que él y su novia iban a celebrar la noche a casa de sus padres Llevaban tres años juntos y todavía se querían como el primer día, deseando que el día pasase para poder verse y estar juntos. Un montón de proyectos de vida en común que aquel maldito todoterreno había destruido en un segundo.</p>
<p>Durante unos meses tuvo que pasar lo todo lo que se suele pasar en esos casos: el sepelio, los pésames de amigos y conocidos, la extraña sensación de que todo era una pesadilla de la que en cualquier momento despertaría. Pero ese deseado momento no llegaba nunca y, finalmente, tuvo que aceptar que nada había sido un sueño. Que las cosas nunca volverían a ser como antes.</p>
<p>Su carácter cambió y, aunque sus delante de sus padres intentaba que no se notase, comenzó a salir beber y a salir por las noches. Tenía mil excusas para llegar tarde a casa ya que siempre había un amigo a mano capaz de jurar que habían pasado la noche en su casa estudiando ó preparando los exámenes.</p>
<p>No recodaba exactamente como había llegado a consumir la primera vez. Una discoteca cualquiera, notando ya en su cuerpo los efectos del alcohol, y uno de los colegas que haciéndole un gesto que él en ese momento no comprendió le decía que le acompañase a los lavabos. Confusamente se vio metido en el interior de uno de los lavabos de la discoteca. La puerta cerrada, y mirando en silencio como su colega sacaba de una bolsita de plástico un polvo blanco que depositaba encima de la tapa del wáter. Miraba hechizado, sin comprender bien lo que estaba sucediendo, como su colega con la tarjeta de crédito iba amasando aquel polvo haciéndolo cada vez más fino hasta que lo dejo dividido en dos gruesas rayas blancas. Miró absorto y en silencio como sacaba un billete de la cartera, lo enrollaba en forma de canuto y con él aspiraba una de las porciones de polvo. Al acabar exhaló ó el aire fuertemente al tiempo que riendo le ofrecía el billete enrollado.<br />
Lo cogió y arrodillándose delante de la tapa aspiró el polvo que quedaba. Un fuerte picor le hizo saltar unas lágrimas que se limpió frotándose los ojos. Cautamente abrieron la puerta y aprovechando de que en aquel momento no había nadie en la zona, salieron ambos del wáter y, tras mirarse al espejo, comprobando que no tuviesen ningún resto que les delatase, volvieron al interior de la sala de baile.<br />
Daniel se notaba las fosas nasales enormes por las que entraba una enorme cantidad de aire cada vez que respiraba. De pronto la sensación de borrachera había desaparecido, estaba completamente despejado y una extraña vitalidad le recorría el cuerpo. Fueron varias veces al lavabo durante esa noche. Se sentía tan bien que les dieron las tantas de la mañana en el puerto, mirando amanecer y charlando sobre cosas inverosímiles mientras no dejaban de reír. Por fin decidieron que ya era hora de irse a casa. Cuando Daniel había llegado a la suya sus padres ya se habían ido a trabajar así que no tuvo que dar explicaciones. Después de tantas horas empezaba a notar el cansancio a pesar de lo cual tardó horas en poder dormir.<br />
Después de esa noche vinieron muchas más. Noches en las que, bastantes veces, el polvo blanco lo había comprado él. Poco a poco, sin darse cuenta, la agradable sensación que había experimentado las primeras veces fue desapareciendo. Se metía una raya pensando en el tiempo que quedaba para meterse la siguiente. Ya no disfrutaba de la música ni de la conversación con una chica. Una única idea permanecía fija en su cerebro meterse una raya tras otra intentando sentir lo que había sentido la primera vez sin conseguirlo. Cuando quedaba sin el maldito polvo una sensación de malhumor y abatimiento le invadía. Ni bebiendo se la conseguía quitar de encima y, al final, siempre terminaba marchándose a casa para intentar dormir después de tomarse una pastilla de Rohipnol.<br />
Lo que había empezado siendo un consumo de fin de semana terminó haciéndose diario. La cocaína era su comida y su bebida. Nada valía la pena si no había una dosis de polvo por medio y las noches de drogas y alcohol se fueron haciendo mas largas y los días mas cortos. Cocaína, speed, éxtasis triturado, cualquier cosa era buena para meterse por la nariz, para evitar que el muermo le invadiese. Drogas para mantenerse despejado y somníferos para poder dormir.<br />
Y en ese momento de su vida nuestros caminos se habían cruzado, y allí, en aquella sala, fumando yo había escuchado en silencio su relato, dejando que se fuese desahogando, notando la amargura del que se vé metido en un profundo agujero del que no encuentra fuerzas para salir.<br />
Cuando terminó de hablar, comencé yo intentándole convencer de que siempre hay una salida si realmente uno quiere salir y encuentra alguien dispuesto a ayudarle. Que la vida no es fácil para nadie pero que no hay caminos marcados, que cada uno construye día a día el suyo y en cualquier momento puede modificarlo.<br />
En aquel instante los compañeros me comunicaron por la radio de que todo había terminado ya en la casa, que se habían detenido a los tíos y de que podía dejar ir al chaval.<br />
Fumamos el último cigarrillo y antes de despedirnos quedamos en vernos pasados unos días para acompañarlo a un centro de tratamiento de toxicómanos donde yo tenía algunas amistades. Mientras lo miraba alejarse tuve la sensación de que, seguramente, no lo volvería a ver.<br />
Pasadas unas semanas le llamé al móvil y, con sorpresa para mí, me contestó por lo que quedamos en vernos por la tarde, sobre las cinco en un bar de al lado de casa de sus padres y charlar.<br />
Estaba sentado en una mesa y cuando me vio levantó la mano saludándome. Yo también le saludé al tiempo que me sentaba a la mesa y pedía una cerveza al camarero que se acercó. Veía a Daniel algo más delgado que la última vez pero seguía teniendo esa imagen de niño bien, aseado y bien vestido aunque unas marcadas ojeras afeaban su rostro juvenil. Charlamos durante un buen rato mientras tomábamos las consumiciones. Su vida había continuamos más ó menos igual que desde que nos vimos la primera vez aunque ahora lo notaba ilusionado y con ganas de poner fin a esa forma de vida, empezaba a creer que, con un poco de ayuda, podría dejar toda eso atrás.<br />
Fuimos a ver a una amiga que trabajaba en “Proyecto Hombre”. De algo han de servir cuando uno les pide un favor y Elena, que antes que amiga había sido algo más, no me falló. Nos recibió en su despacho y nos escuchó con atención, hizo una serie de preguntas a Daniel y cuando terminó me dijo que miraría de buscar una solución a lo que le había pedido. Se lo agradecí y después conversar con ella sobre como nos iban las cosas a ambos nos despedimos quedando en que me llamaría para decirme algo.<br />
Debió de tomarse el asunto con interés porque al cabo de una semana, más ó menos, Daniel tenía plaza en un Centro de desintoxicación en un pueblo de las afueras de Barcelona. Yo lo iba a ver de vez en cuando, le llevaba alguna revista y manteníamos largas conversaciones en las que un Daniel ilusionado me contaba sus proyectos para cuando saliese totalmente rehabilitado. Dejaría a esos colegas de tan nefasta influencia, volvería a tomarse en serio el trabajo hasta llegar a ser el ejecutivo emprendedor y con ideas que un día había sido.<br />
Un día me llamó lleno de alegría para comunicarme que al día siguiente le daban el alta, que los médicos consideraban que ya estaba limpio y preparado para volver a retomar su vida. Después de prometerle que estaría esperándole a la salida colgué y llamé a sus padres para comunicarles la noticia. Los conocía desde que un día Daniel me los había presentado, un poco avergonzados del hecho de asumir ante mí el tener un hijo drogadicto, y con el padre, Cesar, me había seguido viendo varias veces. Le iba informando de los progresos de su hijo de le como se encontraba en el Centro. Es por esto que cuando Daniel salió nos vio a su padre y a mí, esperándole para darle un fuerte abrazo y llevarlo de vuelta a casa. Tanto su padre como su madre habían acabado aceptando que su hijo no era un degenerado yonki, una vergüenza familiar. Entendiendo que era un enfermo y que como a un enfermo sin voluntad, esclavo de la droga, habían de tratarlo. Que no era culpa suya ni de él. Que cualquiera, independientemente de los estudios ó de la posición social, podía caer victima de las drogas. Si, lo habían aceptado y ya no veían a su hijo como una vergüenza familiar sino como un enfermo que, por fin, se había curado. Seguro que tendrían muchas cosas que decirse así que los dejé en su casa y yo me fui. Dentro de unas horas entraba de servicio y aún tenia que hacer algunas cosas.<br />
Fueron pasando las semanas y los meses y de vez en cuando quedábamos para tomar algo y charlar. Las cosas le iban bien: seguía trabajando de ejecutivo aunque ahora en otra empresa, tenía nuevas amistades e incluso había una chica, me había enseñado orgulloso su foto, que cada vez ocupaba mas tiempo su mente. Sus ojos brillaban cuando me hablaba de ella, de lo inteligente y hermosa que era y de lo bien que se encontraba a su lado. Yo, con una sonrisa dibujándoseme en los labios, lo dejaba hablar. Veía claro que volvía a estar perdidamente enamorado.<br />
Todos esos recuerdos me ocupaban la mente mientras el coche, cada vez mas rápido, ya fuera de la ciudad, se dirigía al sitio donde había quedado que Cesar esperaría mi llamada. Antes de llegar, a lo lejos, pude ver una gran cantidad de luces destellantes de todos lo colores: azules, rojas, amarillas. Un guardia civil con linterna y peto reflectante iba desviando los escasos vehículos que por allí pasaban. Llegué a su altura y, tras identificarme, me dejó pasar el cordón de seguridad. Dentro de él varias ambulancias y camiones de bomberos y policías notas. Fui andando hasta que llegué al origen de toda la movida. Dos coches estaban calcinados en el centro de la carretera, hierros retorcidos, negros, era todo lo que quedaba de ellos. En el suelo, a unos metros, varios sacos de plástico cerrados con cremallera contenían, seguramente, los cuerpos calcinados de sus ocupantes. Alguien se abrazó a mi fuertemente, sollozando, era Cesar. Le había llamado la Guardia Civil para darle la mala noticia: un vehículo había perdido el control chocando frontalmente contra el de su hijo. Todos habían fallecido calcinados al colisionar e incendiarse ambos vehículos. Los policías encargados del Atestado aún no podían certificar el motivo pero, le dijeron, habían recibido, horas antes, varias llamadas en su Sala comunicándoles que un coche con cuatro jóvenes iba circulando por esta carretera haciendo el loco y circulando en dirección prohibida y por los datos que les habían facilitado seguro que debía de ser el que colisionó con el de su hijo: “Aún no estamos seguros, pero casi te puedo garantizar de que irían hasta el culo de alcohol y drogas. En fin, que te voy a contar” me dijo el compañero mientras se alejaba. Si, pensé mientras lo veía alejarse, qué me vas a contar.</p>
<p>A Eli.</p>
<p>-Funakoshi-</p>
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		<title>Tuve miedo</title>
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		<pubDate>Wed, 12 May 2010 13:59:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Esa noche teníamos movida. Días antes un confidente nos había marcado un bloque en ruinas cerca de la Diagonal, antes de llegar a lo que ahora es el Forum, donde había unos pisos en semiruinas ocupados por gitanos.
En uno de ellos había un tipo que se dedicaba a vender coca a los yonkis de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esa noche teníamos movida. Días antes un confidente nos había marcado un bloque en ruinas cerca de la Diagonal, antes de llegar a lo que ahora es el Forum, donde había unos pisos en semiruinas ocupados por gitanos.<br />
En uno de ellos había un tipo que se dedicaba a vender coca a los yonkis de la zona. Tipo Opencor: 24hrs. al día 7 días a la semana. Habíamos decidido que esa noche le haríamos una visita. A pesar de que el chota nos había dicho que iba calzado (el mismo había vista la pistola), y de que se había montado un artilugio parecido a un soplete que calentaba la pipa para no parar de fumar, habíamos meditado bastante bien el tema y creíamos poderlo cazar bien cazado.<br />
Nos fuimos a cenar. Aunque nadie decía nada se nos notaba un poco nerviosos. Quizá por eso, para disimularlo, pedimos unas cervezas y nos pusimos a reír y charlar. Cada uno contaba sus historias y reía las de los demás. Intentábamos alargar la hora de levantarnos de la mesa pero, al final, alguien lo hizo y los demás le seguimos, pagamos y montamos en los coches.<br />
Tres ó cuatro calles antes paramos para ultimar detalles: Quienes se apostarían en la escalera controlando la gente que podía haber en el piso y quienes esperarían abajo para parar a algún posible comprador que saliese cargado. Me tocó a mi y a otro ser de los que esperarían abajo. Los otros tres se esperarían en el rellano superior controlando la vivienda. Revisamos las transmisiones, las armas y cada uno se fue a ocupar su sitio. ¿Chalecos antibalas? Ni sabíamos que existían.<br />
Escalera sin luz, llena de escombros y mierda por todos lados tanto de los animales que por allí pululaban como de los yonkis que habían vomitado, sangrado y cagado allí dentro. Subieron la escalera poco a poco, conteniendo la respiración, intentando no hacer ruido pero pareciéndoles que el latido de sus corazones sonaba como el badajo de una campana llamando a misa.<br />
Yo y mi compañero, dentro del coche, en la calle desierta, acurrucados intentando hacernos invisibles.<br />
Cuando una intervención es repentina, imprevisible, uno no tiene tiempo a pensar en como vá a reaccionar. Actua, acertada ó desacertadamente y listo. Luego ya tendrá tiempo en pensar en lo que hizo bien y en lo que hizo mal.<br />
Ahora era distinto. Allí estaba yo, esperando y pensando en lo curiosa que es la vida. Tenia tiempo para pensar en muchas cosas y eso, en según que momentos es jodido.<br />
Yo, una hora antes, hablando con Pedro de lo buena que estaba la tía que se había ligado en el Luna Mora ó con David de la bronca que le había echado a su hijo por haberle rayado el coche que le había dejado el fin de semana y, a lo mejor, dentro de 10 minutos muerto con un tiro en la barriga.<br />
Habría muerto y la vida no se detendría por ello, amanecería otro día, igual que los anteriores, con la única diferencia que yo ya no estaría allí para verlo.<br />
Ni vería a mi familia. Mis padres, mi hermana, mis amigos. Todos, todos ellos, seguramente llorarían por mi mientras veían como me metían en un frió nicho de hormigón. Llorarían un día, un mes, a lo mejor un año, pero después continuarían con su vida. Sin mi, sin su hijo, sin su hermano muerto como un perro en la fría la calle sin tiempo para decirles lo mucho que los quería.<br />
La policía donde únicamente gana siempre es en las películas. En la vida real muchas veces la cosa se reduce a una simple cuestión de suerte. A estar en el momento inadecuado en el lugar equivocado. A un cara ó cruz<br />
Algunas veces la gente me dice, y yo he llegado a creerlo también, que esos peligros ya van incluidos en el sueldo. Sabemos en donde nos metemos y a lo que nos exponemos.<br />
¡Y una mierda¡ En las 200.000 pesetas que me pagan se incluyen muchas cosas: ser honrado, ayudar y proteger a la sociedad pero , de ninguna manera, se incluye el morir tontamente a manos de un yonki de mierda el cual difícilmente va a cumplir 10 ó 12 años de pena por ese acto criminal. 10 años. Mi vida solo vale, para esa sociedad a la que yo juré defender, 10 años.<br />
Todos estos pensamientos fueron interrumpidos por la voz que salió del transmisor. Los compañeros habían dejado que pasase el tiempo. Que fuesen saliendo personas de la casa hasta que, creían, solo quedaban 1 ó 2 personas dentro. Era la hora de entrar.<br />
Bajaron lentamente y se situaron a los lados de la puerta. Santi llamo dando dos golpes secos en la puerta. Unos segundos de silencio y finalmente unas pisadas que, cansinamente, se acercaban.<br />
Una voz enronquecida al otro lado &#8220;¡¿Que quieres?!&#8221;&#8230;. &#8220;Dame algo, que tengo el mono&#8221; contestó Santi.<br />
Tensión, segundos que se hicieron eternos y, finalmente la puerta empezó a abrirse lentamente&#8230;.</p>
<p>Dedicado a Sirenita<br />
-Funakoshi-</p>
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		<title>El loco del mar</title>
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		<pubDate>Wed, 12 May 2010 13:57:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ceridwen]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos dirían que soy libre. Yo mismo lo creo. No vivo en sociedad, no comparto sus valores y no participio de su forma de vida. Duermo cuanto quiero, hago lo que me apetece en cada momento, estoy al margen de la ley. Pero eso no me hace libre. Me guste o no me guste, soy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos dirían que soy libre. Yo mismo lo creo. No vivo en sociedad, no comparto sus valores y no participio de su forma de vida. Duermo cuanto quiero, hago lo que me apetece en cada momento, estoy al margen de la ley. Pero eso no me hace libre. Me guste o no me guste, soy esclavo de mi pasado y de la mar.<br />
No provengo de una familia rica y mucho menos feliz. Mi infancia se basó en gritos, castigos y llantos. Crecí rodeado de amargura y odio. Exacto, nada bueno para un niño.<br />
Intentaba escapar una y otra vez de esa realidad familiar, pero en cuanto utilizaba mi imaginación para tal fin, me llevaba palos y desprecios. Tener una mente creativa no ha sido ni mucho menos una ventaja, me tomaban por loco cuando intentaba evadirme de algún modo. Poco a poco y sin conocer yo la razón esa supuesta locura comenzó a causar temor en el pueblo. Los pocos que me dirigían la palabra dejaron de hacerlo y el resto se dedicó a evitarme continuamente.<br />
Hubo un momento en el que no me importó, incluso disfrutaba siendo ignorado por los demás, aunque de esa forma conseguí que me conocieran como El Viejo Chiflado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.<br />
En cierto modo me sentía especial siendo evitado. Pero pasó el tiempo y comencé a sentirme realmente solo. En casa las cosas iban cada vez peor y para la gente del pueblo yo casi ni existía. ¡No! Rectifico: para la gente del pueblo era mejor si yo no existía.<br />
Me pasaba el día en el acantilado, mirando el mar y soñando ser un pirata. Ellos eran respetados y temidos, libres y felices. Si me convertía en pirata no tendría que soportar el rechazo de la gente y podría vivir a mi manera.<br />
Así que cuando cumplí 17 años decidí ser un pirata. Me enteré de que un barco pirata iba a abordar a un barco inglés, el Great Beach.<br />
En cuanto tuve la oportunidad me introduje en el barco pirata, llamado por los habitantes del pueblo Destino Negro.<br />
Pude esconderme entre unos tablones situados cerca de los barriles de cerveza y allí permanecí hasta que, un rato después de partir, un hombre borracho se tumbó cerca de los tablones y dejó sus armas a mi alcance. Pensé que no había momento mejor para darme a conocer, así que así la espada del borracho y me deslicé por las sombras hasta llegar cerca del capitán.<br />
Yo ya tenía conocimientos sobre el manejo de la espada, por lo que no me fue difícil pillar desprevenido al capitán y clavarle la espada en el corazón. Sorprendentemente no hizo ningún ruido. Nunca había matado a nadie y supuse que gritaría o algo. No fue así, así que me relajé lo suficiente como para pensar cuál iba a ser mi siguiente movimiento. No tenía demasiado tiempo para pensar, pero por suerte tomé la decisión acertada.<br />
Cuando llevé al cuerpo del fallecido ante los ocupantes del barco nadie se atrevió a moverse. Jamás nadie había conseguido hacer un solo rasguño a su capitán, me dijeron, y yo, un simple muchacho loco lo había matado. Al parecer mi fama de tarado había llegado a todas partes. Pero no me importó cuando me confesaron tenerle un miedo terrible y me ofrecieron el mando del Destino Negro. No podía dar crédito, pero acepté. Al fin y al cabo, era lo que siempre había soñado. ¿Por qué rechazarlo?<br />
No fue regalado, tuve algún altercado con hombres que aún eran leales a su antiguo capitán y que se negaban a obedecer a un niño, pero resueltos estos problemas conseguí el respeto de los de a bordo.<br />
Me informaron sobre sus planes contra los ingleses. Habían oído que sus barcos estaban anegados del oro del Nuevo Mundo, una exquisita golosina para cualquier pirata. Y aunque era arriesgado por la fama de sanguinarios luchadores que planeaba sobre los ingleses, era una gran oportunidad y por supuesto, no íbamos a rechazarla.<br />
Estuvimos navegando durante un mes, sorteando mareas y apoderándonos de los tesoros de los barcos que se cruzaban en nuestro camino.<br />
Cuando una mañana gris el vigía nos avisó del avistamiento del Great Beach nos preparamos para un abordaje violento. Las leyendas sobre las torturas inglesas nos habían infundido un valor adicional. No nos dejaríamos matar ni atrapar por ellos y conseguiríamos el barco y todo lo que hubiera en él.<br />
Para evitar la huída de nuestras víctimas esperamos silenciosos hasta que el otro navío estuviera lo suficientemente cerca como para comenzar el abordaje. Pero cuando nos disponíamos a ello nos percatamos de algo que jamás habíamos esperado: el Great Beach surcaba los mares sin tripulantes.<br />
¡Vacío!<br />
Nos acercamos y envié a dos de mis hombres a inspeccionar el barco. En cubierta sólo encontraron las armas de los que debieron ser sus ocupantes. Les envié a la bodega, a ver si al menos allí encontraban lo que íbamos buscando. Se asomaron y me confirmaron lo que esperaba: arcas llenas de oro esperaban ser trasladadas al Destino Negro y repartidas entre sus tripulantes. Envié a otros dos hombres para ayudar a los que ya estaban a bordo del navío inglés a transportar el tesoro. Poco después me di cuenta forzosamente de que había cometido un tremendo error, pero cuando lo supe era demasiado tarde.<br />
Al ver que los cuatro hombres no regresaban envié a otros dos, pero al ver que éstos tampoco aparecían envié al resto, preparándoles para la lucha. Quizá los ingleses se habían ocultado en la bodega al ver nuestra negra bandera. Esperé en mi navío porque por mi corta edad y a pesar de mi buen manejo de las armas, me habían prohibido participar.<br />
Pasaba el tiempo y yo no oía nada. Ni señales de lucha, ni gritos ahogados por los ataques ni nada. Yo era el capitán y había perdido, literalmente, a mis hombres. No podía permitir estar en una situación privilegiada cuando ellos parecían haber sido engullidos por la bodega del Great Beach.<br />
Así que me disponía a saltar al barco cuando apareció uno de mis hombres de aquel agujero. ¡Oh! Nunca olvidaré aquella expresión. No era de miedo, no. Era de verdadero terror. Sus ojos me miraban tan abiertos que temía que se salieran de sus órbitas y parecía haber envejecido veinte años en el tiempo en el que estuvo en aquella bodega. Intentaba gritar mientras le ayudaba a volver al Destino Negro, pero de su garganta no salía ningún sonido. De verdad, estaba muerto de miedo, completamente pálido. Lo que no le impidió correr como alma que lleva el diablo hacia el timón y comenzar a alejarnos del barco inglés. Yo no comprendía absolutamente nada, pero a esas alturas estaba convencido de que no iba a interrumpir la huída. Fuera lo que fuese lo que había visto aquel hombre en aquella bodega sabía que debía estar lejos de nosotros.<br />
Cuando estuvimos a una distancia considerable, el hombre cayó al suelo, completamente agotado y aún demasiado asustado como para contarme por sí mismo lo que había ocurrido. Hasta ese momento yo había permanecido en silencio, respetando la situación e intentando no desquiciarle más, pero no pude soportar más mi ignorancia e intenté que me contara algo.<br />
Me costó bastante hacerle entrar en razón y mostrarle dónde estaba. Cuando se hubo calmado lo suficiente, volví a interrogarle. Entonces me miró a los ojos y comenzó a relatarme lo ocurrido con la mirada perdida y la voz entrecortada por el llanto y el terror.<br />
Según me dijo, entraron a la bodega a recoger las arcas cuando vieron al fondo un&#8230;</p>
<p>¡Niños! ¡Niños! ¡Alejaos de ese chiflado! Ese viejo está loco<br />
Pero mamá, si nos estaba contando una historia increíble. – dijo uno de los niños que rodeaban al viejo a la mujer que había gritado desde el embarcadero.<br />
Tan increíble que seguramente no se la crea ni él. Está loco. ¡Volved ahora mismo a casa!</p>
<p>Los niños miraron al viejo con cara de “ lo sentimos pero no queremos tener problemas con la histérica”.<br />
El hombre suspiró apenado. Siempre ocurría lo mismo. En ese momento se sentía como Jesucristo: - dejad que los niños se acerquen a mi – había dicho en alguna que otra ocasión, -soy inofensivo-.<br />
Pero claro, era el loco del pueblo. Siempre lo había sido.<br />
Vio cómo se alejaban los niños hacia el pueblo y cuando los perdió de vista, se levantó y se dirigió hacia el acantilado. Ya no era tan hábil como cuando era joven y le costó horrores llegar a lo alto. Agotado, se sentó sobre una roca y miró al horizonte.<br />
Sin apartar la vista del mar introdujo su mano en el bolsillo del pantalón y sacó algo. Era un objeto que le había dado el aterrado pirata antes de morir presa del miedo en la cubierta del Destino Negro, unos 50 años antes. Un objeto que demostraría a todo el mundo que no estaba loco. Aun así, lo miró con asombro, como recordando cosas que hasta ese momento había olvidado, y lo arrojó a las olas. De todos modos nadie escucharía a un loco que se creía pirata.<br />
En cierto modo era libre y seguiría siéndolo hasta el día de su muerte, siempre y cuando el Great Beach no volviera a cruzarse en su camino.</p>
<p>-Ceridwen-</p>
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		<title>No dejes que pare la lluvia</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 20:04:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Pez_Burbuja]]></category>

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No dejes que pare la lluvia, la misma que nos empapa la ropa y corre bajo nuestros pies… Que no pare la lluvia sobre los besos de otoño, en la palma de nuestras manos. No dejes de mirarme otra vez, no vuelvas al paraguas gris y me dejes mojándome a solas. No te olvides mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=f20c04c" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>No dejes que pare la lluvia, la misma que nos empapa la ropa y corre bajo nuestros pies… Que no pare la lluvia sobre los besos de otoño, en la palma de nuestras manos. No dejes de mirarme otra vez, no vuelvas al paraguas gris y me dejes mojándome a solas. No te olvides mi nombre en las esquinas de cualquier calle, no dejes de pensar, no me abandones… No vuelvas a la oscura inteligencia, a los despojos de carne en las aceras, no mires a otro lado, no te escondas… No dejes que la lluvia moje los cristales de tu coche, mientras el limpiaparabrisas va marcando los latidos de tu corazón, sal a la calle, ¿no ves que no quieres guarecerte? No me digas adiós, no me olvides… ¿No me ves, lloviéndome por dentro? No dejes que pare la lluvia, no te vayas…</p>
<p><em>Publicado por Pez_Burbuja en &#8220;Cuentame una canción&#8221; </em></p>
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		<title>La chica de ayer</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 20:03:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
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Es curioso como hay recuerdos capaces de permanecer en la memoria por mucho tiempo que pase. Intentas correr, dejarlos atrás y sin embargo parecen adheridos con una fuerza titánica a la piel, y acabas por resignarte a que sean parte de ti, a que condicionen el resto de tu vida.
  Yo tenía 22 años. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=69b47fb" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Es curioso como hay recuerdos capaces de permanecer en la memoria por mucho tiempo que pase. Intentas correr, dejarlos atrás y sin embargo parecen adheridos con una fuerza titánica a la piel, y acabas por resignarte a que sean parte de ti, a que condicionen el resto de tu vida.</p>
<p>  Yo tenía 22 años. Estaba en la universidad así que busqué un trabajo por las tardes que me permitiera ser independiente y pagar mis gastos. Siempre se me habían dado bien la matemáticas, así que comencé a trabajar de profesora en una academia. Nunca había trabajado antes por lo que todo me resultaba nuevo y fascinante. No tenía mucha relación con mis compañeros, apenas hablábamos salvo cuando coincidíamos en la sala de profesores. Todos eran mayores que yo,  y en cierto modo me trataban como si yo fuera una niña. Todos menos Carlos.</p>
<p>  Moreno, de pelo corto y ojos penetrantes, no era guapo pero tenía un no sé qué que obligaba a mirarlo. Y él lo sabía. Se cuidaba mucho, como denotaba la bolsa del gimnasio. El traje parecía hecho a medida en su cuerpo, y no ocultaba el magnetismo que desprendía por cada uno de sus poros. </p>
<p>  Al acercarse las navidades decidieron quedar un día para cenar y salir a tomar unas copas. Mi primera cena de empresa. Recuerdo haber tardado horas hasta que decidí ponerme aquel vestido negro de tirantes. En el último momento en un arranque de pudor, me puse una camisa roja encima.</p>
<p>  Carlos vivía en un barrio cerca del mío, así que quedamos para ir juntos. Nos vimos en la estación de tren más cercana a mi casa. Al montar en su coche, me sentí de pronto cohibida al estar en un sitio tan pequeño cerca de él. Hola, me dijo sin mirarme, estás muy guapa. Tú también, le dije yo sonriendo. Era cierto. Aquella camiseta blanca y los vaqueros le hacían parecer más joven, más… mejor no pensar en ello. Durante el trayecto charlamos distendidos, alegres, inconscientes.</p>
<p>  La cena se desarrolló con normalidad. Siempre me han cohibido los grupos grandes, así que me limité a escuchar lo que hablaban acerca de sus vidas, sus aficiones, sus parejas, sus sueños. Carlos estaba casado, aunque no le iba bien en su matrimonio. Estaban planteándose separarse. Entre bromas y risas, las botellas de vino se fueron vaciando casi sin darnos cuenta.</p>
<p>  Decidimos ir a bailar a un local cercano. La música estaba demasiado alta para hablar. El local estaba abarrotado. Llegamos entre codazos y empujones a la barra. Después de pedir una copa, las chicas nos fuimos a bailar y los chicos se quedaron allí. La pista estaba llena pero no nos importó. Ya estábamos bastante animadas así que nos hicimos hueco sin problemas. Hacía mucho calor así que me quité la camisa. Bailar siempre ha sido para mí algo muy especial. Cuando bailo pierdo la coraza y me convierto en alguien ajeno a todo lo que no sea mi propio cuerpo. Allí, rodeada de gente, me sentí por primera vez libre. Los ojos cerrados, todo mi cuerpo vibrando con aquellas notas, apenas me reconocía a mí misma. En aquel momento no era consciente, pero imagino el estupor de mis compañeros viendo a la “niña” moverse de aquella manera.  En algún momento de aquella inconsciencia sentí un extraño calor recorriéndome el cuerpo y abrí los ojos. Allí en la barra los chicos nos animaban con gestos y gritos, todos menos Carlos. Apoyado en una esquina, me miraba como nadie jamás ha vuelto a hacerlo. Aquellos ojos traspasaban mi piel provocando un incendio en mi interior.  Solo estábamos él y yo, y aquel hilo invisible que nos unía de algún modo extraño. Estoy muerta de sed, dijo una de mis compañeras, vamos a la barra.  </p>
<p>  Yo me sentía algo mareada, así que no quise beber más. Me quedé allí, apoyada en el otro extremo de la barra. Todos charlaban animadamente, nadie parecía darse cuenta de que nosotros no participábamos. Solo nos mirábamos. No sé cuanto tiempo estuvimos así. Quizás fueron minutos, aunque parecían horas. En algún momento alguien dijo que cambiáramos de sitio, por lo que nos dirigimos todos hacia la puerta. El local estaba abarrotado así que prácticamente íbamos en fila. Yo iba dando traspiés cuando sentí una mano sobre la mía. No necesité mirar. Sabía de quien era aquella mano. Sentía oleadas de calor invadiendo mi cuerpo, y todas mis terminaciones nerviosas parecían concentradas en aquella mano. </p>
<p>  Por fin logramos salir. Comenzaron a discutir sobre donde ir. Yo me sentía extraña así que dije que me iba. Carlos me acompañó. Recuerdo que bajamos la cuesta que llevaba hasta su coche en silencio, bajo la atenta mirada del resto del grupo. Por fin la calle terminó y doblamos la esquina. Jamás he vuelto a sentir lo que sentí en aquel momento. Hubiera sido capaz de matar si alguien me hubiera intentado parar. El deseo era tal que me dolía. Al pasar por un portal me abalancé sobre él y le besé. Nos besamos. Nos comimos a besos. Nos saboreamos, nos mordimos.  El tiempo parecía haberse detenido en aquel beso. Le saqué la camiseta, metí las manos por su espalda. Tenía la piel cálida, increíblemente suave. Le agarré las nalgas y le apreté contra mí. Estaba muy excitado. Le besé el cuello y le subí la camiseta. Seguí besándole hacia abajo. Dios, que hermoso era. Me intoxicaba su olor, su sabor. No podía parar. </p>
<p>  Espera, me dijo de pronto. Para, no sigas. Me agarró de los hombros y me separó. Yo le miré incrédula, el cuerpo dolorido, muriéndome de ganas. Aquí no, me dijo. Así no. Luego me abrazó, firme, sereno… Yo temblaba, intentando controlar aquel torrente de sensaciones, aquella frustración que me consumía. Estuvimos así mucho rato. Poco a poco volví a la normalidad, aunque mareada aún por los efectos del alcohol. Venga, me dijo con la voz enronquecida, te llevo a casa. </p>
<p>  Me sentía tan avergonzada que no fui capaz de articular palabra. Creía que no me deseaba, que me había rechazado. Aquel fue un duro golpe para mi ego. No quise volver a verle. Con la excusa de las vacaciones de navidad, aproveché para buscar otro trabajo y nunca volví. Al cabo de unos meses me enteré de que estaba en trámites de divorcio, y que salía con una compañera de trabajo. Me dolió. Luego le perdí la pista.</p>
<p>  He buscado volver a vivir una y otra vez aquellas emociones. No he podido. Ahora vivo sola, con un acuario lleno de peces tropicales y un gato. A veces llega alguien a mi vida, y se queda un tiempo. Pero se acaba marchando. Es imposible competir con un fantasma. Ellos lo saben. Y yo también.</p>
<p><em>Publicado por Pez_Burbuja en &#8220;Cuentame una canción&#8221;</em></p>
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		<title>Quisiera que estuvieras aquí</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 20:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Pez_Burbuja]]></category>

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Quisiera que estuvieras aquí. Sí, ya sé, hay cosas que no pueden ser pero aun así cómo evitar este dolor sordo, alojado en mi pecho, que me ahoga quitándome el oxígeno vital. Cómo no desear a veces tu mano rozando la mía en algún encuentro casual, sentir que te aproximas despacio y dejas un beso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="425" height="344" data="http://www.youtube.com/v/ETNrGpxBTQA&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/ETNrGpxBTQA&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
<p>Quisiera que estuvieras aquí. Sí, ya sé, hay cosas que no pueden ser pero aun así cómo evitar este dolor sordo, alojado en mi pecho, que me ahoga quitándome el oxígeno vital. Cómo no desear a veces tu mano rozando la mía en algún encuentro casual, sentir que te aproximas despacio y dejas un beso en mi cara, tan cerca de mi boca que si pudiera moverme un solo milímetro se encontrarían sin remedio. No es fácil añorarte, no lo creas. Sentir como tu sombra a veces cubre la mía, darme la vuelta deprisa para comprobar que solo es mi imaginación que me juega una mala pasada. A veces me parece escuchar tu voz en el metro, en algún centro comercial, por la calle, y me vuelvo como una loca para buscarte&#8230; pero nunca eres tú.</p>
<p>Si estuvieras aquí podría contarte el matiz exacto que tiene el cielo a mediodía, cuando el sol está en su apogeo. Podría describirte una a una cómo son las flores de un campo de girasoles, y caminar contigo un millón de kilómetros sin movernos. Podría pegarme a ti sin abrazarte, tan solo buscando tu piel, como si fuerámos dos polaridades opuestas sin posibilidad de escapatoria. Podría contar una a una las diminutas arrugas de tu rostro y decirte el número de sonrisas por minuto que asoman a tus ojos cuando me miras.</p>
<p>Y podría cantarte al oído que estás aquí&#8230; conmigo.</p>
<p><em>Publicado por Pez_Burbuja en &#8220;Cuentame una canción&#8221;</em></p>
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		<title>Durmiendo con fantasmas</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 19:57:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Daría]]></category>

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Un instante, eso fue. No hay que darle mas importancia de la que tiene. Ni menos.
Sonaba la música y yo, como siempre, estaba ausente, muy lejos de allí. No podía ver a la gente, ni los vasos, ni el humo que cargaba el ambiente, que me abrazaba, me acunaba ofreciéndome la posibilidad de perderme en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="425" height="344" data="http://www.youtube.com/v/AShaxXe3JCs&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/AShaxXe3JCs&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
<p>Un instante, eso fue. No hay que darle mas importancia de la que tiene. Ni menos.<br />
Sonaba la música y yo, como siempre, estaba ausente, muy lejos de allí. No podía ver a la gente, ni los vasos, ni el humo que cargaba el ambiente, que me abrazaba, me acunaba ofreciéndome la posibilidad de perderme en su seno.<br />
No sé la razón. No sé como llegamos hasta la pista de baile desde las oscuras mesas del fondo.<br />
¿Qué mas da? Sin preguntas. Se supone que debo confiar en ti.<br />
Tal vez alguien allí te llamó la atención, y yo estaba cerca. Bueno, para eso están los amigos, ¿no?</p>
<p>“ The  sea’s evaporating<br />
though it comes as no surprise<br />
these clouds we’re seeing<br />
they’re explosions in the sky”</p>
<p>No te gusta esa música, y sin embargo, allí estábamos. Realmente ella debía de valer la pena&#8230;<br />
Lo único cierto era Hugo Boss saludando a mi nariz desde tu cuello, y el calor de tu piel a través de la ropa.<br />
No sé la razón. No sé como mis brazos se apoyaron en tus hombros y se cruzaron tras tu nuca, y no sé por qué mi cara se apoyó en tu pecho.<br />
Calor, sudor de sábado noche a través de la tela, directo a mi mejilla. Tu corazón golpeando a ritmo de la música.<br />
Tus brazos se cerraron alrededor de mi cuerpo, y tu barbilla descansó en mi cabeza.<br />
Habías olvidado el objetivo y te concentrabas en la excusa. Puede que después de todo, no resultase invisible para ti.</p>
<p>“ Hush&#8230;<br />
It’s OK<br />
Dry your eyes&#8230;”</p>
<p>Un baile no le hace daño a nadie. No se debe leer entre líneas cuando se corre el riesgo de confundir lo evidente con lo inventado.</p>
<p>“Soulmates never dies”</p>
<p>Se extinguió la última nota y me separé de ti, sonreí sin mirarte a los ojos y volví a por mi bebida. Suerte con tus despampanantes objetivos de la noche<br />
No quiero jugar con la idea de abrir el séptimo sello. Eres demasiado importante.</p>
<p>“Hush.<br />
It´s OK<br />
Dry your eyes<br />
Couse soulmates<br />
Never dies”</p>
<p>Resuena aún en mi cabeza. Amigos del alma. ¿Se puede pedir algo mas?<br />
Fue un instante. No hay que darle más importancia de la que tiene. Ni menos.</p>
<p><em>Publicado por Daría en &#8220;Cuentame una canción&#8221;</em></p>
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		<title>Me dueles</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 19:53:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Pez_Burbuja]]></category>

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		<description><![CDATA[
Me dueles
como duele el aliento en un día frío
perdiéndose en la calle
entre un mar de respiraciones grises.
Como los bancos duelen a los parques
cuando visten de hojas
silenciosos y tristes.
Y dueles
como duelen los brazos, abrazados
a su propio vacío, al negro círculo
que dibuja tu ausencia en otros brazos.
Como duele la boca, desnuda de besos
hambrienta y desahuciada de tus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="425" height="344" data="http://www.youtube.com/v/YyBEVP7NFY4&amp;color1=0xb1b1b1&amp;color2=0xcfcfcf&amp;hl=es_ES&amp;feature=player_embedded&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/YyBEVP7NFY4&amp;color1=0xb1b1b1&amp;color2=0xcfcfcf&amp;hl=es_ES&amp;feature=player_embedded&amp;fs=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
<p style="text-align: center;">Me dueles</p>
<p style="text-align: center;">como duele el aliento en un día frío</p>
<p style="text-align: center;">perdiéndose en la calle</p>
<p style="text-align: center;">entre un mar de respiraciones grises.</p>
<p style="text-align: center;">Como los bancos duelen a los parques</p>
<p style="text-align: center;">cuando visten de hojas</p>
<p style="text-align: center;">silenciosos y tristes.</p>
<p style="text-align: center;">Y dueles</p>
<p style="text-align: center;">como duelen los brazos, abrazados</p>
<p style="text-align: center;">a su propio vacío, al negro círculo</p>
<p style="text-align: center;">que dibuja tu ausencia en otros brazos.</p>
<p style="text-align: center;">Como duele la boca, desnuda de besos</p>
<p style="text-align: center;">hambrienta y desahuciada de tus labios.</p>
<p style="text-align: center;">Y se me agrieta este triste envoltorio</p>
<p style="text-align: center;">por estirarse hacia ti, por alcanzarte,</p>
<p style="text-align: center;">como si yo pudiera cobijarte en mi piel</p>
<p style="text-align: center;">y abrazarte desde dentro.</p>
<p style="text-align: center;">Me dueles,</p>
<p style="text-align: center;">como si me prolongara en ti</p>
<p style="text-align: center;">y no fueran mis manos, ni tus manos,</p>
<p style="text-align: center;">y mi pecho, y tu pecho fueran uno,</p>
<p style="text-align: center;">el cobijo común de dos latidos.</p>
<p style="text-align: center;">Aunque no quiera me dueles,</p>
<p style="text-align: center;">y me duele que me duela.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: left;"><em>Publicado por Pez_Burbuja en &#8220;Cuentame una canción&#8221;</em></p>
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		<title>Tu lo haces real</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 19:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Pez_Burbuja]]></category>

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		<description><![CDATA[Tu lo haces real

Retengo tu silueta justo aquí, bajo mis párpados desnudos. Tú y yo, un día gris, las calles desiertas y la lluvia mojándolo todo. Tenerte cerca, apenas a un palmo de mi rostro me vuelve frágil bajo tus ojos. Siento el impulso de salir corriendo como tantas otras veces, pero hoy no, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>Tu lo haces real</strong></p>
<p><object width="353" height="132" data="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7254893" type="application/x-shockwave-flash"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7254893" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /></object></p>
<p>Retengo tu silueta justo aquí, bajo mis párpados desnudos. Tú y yo, un día gris, las calles desiertas y la lluvia mojándolo todo. Tenerte cerca, apenas a un palmo de mi rostro me vuelve frágil bajo tus ojos. Siento el impulso de salir corriendo como tantas otras veces, pero hoy no, no lo haré. Porque llueve, y me miras, y me quedo pegada al suelo, empapada de agua, empapada de ti.</p>
<p>No sabes de otras tormentas, de esas que se fraguan bajo la piel, que incendian el corazón y lo arrasan. No importa. Solo estás aquí, esperando… Es tan absurdo este latido sordo, no puedo respirar, todo está inmóvil menos tú. Es lenta la agonía, tus labios acercándose a mis labios, y yo queriendo decir no, y sin embargo solo puedo preguntar si es real. Tú lo haces real, el roce de tus labios es un hierro candente sobre mi rostro, bajo mis párpados, entre mis labios. Deseo es una palabra demasiado pequeña para todo lo que cabe en este silencio.</p>
<p>Solo llueve y tú lo haces real.</p>
<p><em>Publicado por Pez_Burbuja en &#8220;Cuentame una canción&#8221;</em></p>
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		<title>El andén número siete</title>
		<link>http://www.elcafedelatertulia.com/escritos/?p=491</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 19:47:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Borken</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Pez_Burbuja]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.elcafedelatertulia.com/escritos/?p=491</guid>
		<description><![CDATA[EL ANDÉN NÚMERO SIETE

El sonido de sus tacones contra el pavimento rompe el silencio del andén. El eco de sus pasos se pierde hacia las otras vías, los otros túneles, los otros trenes… Pero ella sabe cual es su destino, el andén número siete. El tren aún no ha llegado pero no importa. Ella lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;"><span style="font-weight: bold;">EL ANDÉN NÚMERO SIETE</span></div>
<p><object width="353" height="132" data="http://www.goear.com/files/external.swf?file=12c4d63" type="application/x-shockwave-flash"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=12c4d63" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /></object></p>
<p>El sonido de sus tacones contra el pavimento rompe el silencio del andén. El eco de sus pasos se pierde hacia las otras vías, los otros túneles, los otros trenes… Pero ella sabe cual es su destino, el andén número siete. El tren aún no ha llegado pero no importa. Ella lo espera de pie, inmóvil, la vista perdida en algún punto de la lejanía y el pensamiento lejos, muy lejos…</p>
<p>Escucha el ronroneo inconfundible de la máquina acercándose por la vía. Despacio, apenas un parpadeo, y la puerta del vagón se abre frente a ella que sube sin dudar. Camina sin prisa, mirando hacia los lados como si buscara algo. De pronto su vista se queda fija en un punto, al que instantes después se dirige resueltamente.</p>
<p>Estás aquí, le dice sin mediar ninguna otra palabra. Siempre estoy aquí, ya lo sabes, contesta él y se adivina una sonrisa en su rostro de apariencia seria. Ella se sienta en sus rodillas de lado, y toma su rostro entre las manos. Es tan hermoso estar así, mirándole de cerca, sin prisa, sabiéndose la dueña absoluta del tiempo y el espacio… Se pierde en la oscuridad de sus ojos, desde donde se puede contemplar el universo. Y vuelve hacia su rostro que sus manos recorren como pequeñas mariposas, apenas rozando las suaves arrugas, asombradas de un contorno tan preciso, tan perfecto, tan hermoso… Se recrea porque no quiere olvidarse de nada, quiere tener una fotografía viva en sus manos que le permita recordarlo después, mucho después, cuando el viaje termine…</p>
<p>El tren se mueve a un ritmo cadencioso, hipnótico, sensual. Con el dedo pulgar recorre despacio el labio inferior, aprendiendo texturas, mientras con la otra mano baja despacio hacia el cuello, para volver a subir tras la oreja. Entonces acerca su boca a la de él, hasta aprisionar su labio inferior entre los suyos, justo donde estaba un instante antes su dedo. Hay algo mágico en ese primer contacto, un chispazo de luz, una revelación, una catarsis… Él se deja hacer mientras ella saborea su labio golosamente, recreándose, la lengua moviéndose hacia las comisuras para volver de nuevo al centro. Por fin él se rinde, abriendo su boca para ella, que respira de su aliento como si fuera el último resquicio de oxígeno de aquel vagón solitario que les acoge en su seno como dos recién nacidos. Y exactamente así, renacidos el uno para el otro se besan, como en una película a la que le hubieran congelado la escena se quedan así, unidos por sus bocas, recorriendo paladares y dientes, sorbiéndose, mordiéndose, volando a ras de labio, saboreando el deseo hecho saliva, la quietud del pensamiento, el movimiento cadencioso del tren que les empuja uno contra otro, que los separa para volverlos a unir aun con más ímpetu si cabe, labio con labio eternamente fundidos en una sola boca.</p>
<p>Toda una eternidad después las manos emprenden su propio camino. Como en un sincronismo imposible las manos de ella y las de él se encuentran en el diminuto espacio entre sus cuellos. Las de él buscan los botones de ella, las de ella bajan hasta encontrar el borde de la camiseta para subirla. Como si de una lluvia tibia de verano se tratara, caen los botones uno a uno, apenas los dedos rozando la piel que arde al contacto. Y las bocas se separar en un infinitesimal suplicio mientras la camiseta vuela por los aires como una bandera que ondeara al viento proclamando su libertad ansiada, para reencontrarse de nuevo con la misma delicadeza y con la misma furia.</p>
<p>Hay un abrazo largo, larguísimo y luego ella se levanta, solo para volver a sentarse, ahora a horcajadas, y volver al abrazo más largo, tan cerca que entre los dos cabe apenas algún suspiro. Siguen las manos el recorrido sin prisa, la espalda y el costado, acompasada la respiración en ambos pechos. Él suelta el cierre del sujetador y con dulzura, casi con reverencia, baja los tirantes mientras la separa de sí, tan solo para contemplarla. Otra mirada prendida entre los dos, pequeñas chispas azules en los de ella, llamaradas de luz en los de él. Otro abrazo que sabe a piel en sombras, a fugitiva querencia, a inevitable delirio… Los pezones se clavan como hierros en la carne del matadero, se castigan los dos en esa lentitud exasperante, rozándose la carne con los dedos, acomodando el furor bajo los párpados para hacer de un instante toda una vida. Se separan los cuerpos y las manos se hablan cuerpo a cuerpo. Él acuna sus pechos con dulzura, roza apenas su rosada punta en un gesto deliberadamente lento, ella aferra su espalda sin quererlo. Y se rinde hacia atrás en una ofrenda que él recibe en sus labios.</p>
<p>El tren sigue su camino inexorable, apagando el paisaje en un túnel oscuro. La velocidad va en aumento, y con ella el movimiento del vagón. Poco a poco la piel se va afiebrando y el control da paso a la urgencia. Ella juega con el botón de sus vaqueros, él recorre sus muslos bajo la falda. Ella baja despacio la cremallera, él recorre con mano diestra la parte de atrás de su tanga. Ella pasa su mano por la tela del boxer, notando su calidez y su firmeza, él bordea su triángulo con mano diestra. Y las bocas de nuevo se separan, ambos de pie guardando el equilibrio en una extraña danza, abrazados los cuerpos y las ganas… Van cayendo al suelo el resto de las prendas, no se sabe muy bien que mano quita, roza, desnuda, pero ambos se abrazan piel con piel y quizás no ha pasado ni un segundo.</p>
<p>Él toma esta vez la iniciativa, desde su boca va trazando un sendero en su piel hasta su vientre. De rodillas la empuja suavemente al asiento de enfrente. Se retira y comienza de nuevo, de los dedos de los pies va subiendo al tobillo, al gemelo, recreándose hasta arrancar una súplica en los labios de ella, mientras siente como se tensa bajo sus labios. No cede ni siquiera cuando ella le agarra la cabeza y tira hacia arriba para que vaya más deprisa, para que llegue a su destino. Él le busca el pequeño hueco bajo su rodilla, la plenitud de los muslos, su contorno, la cadera en sus labios, la cintura, para luego bajar hasta su ombligo. Por favor, y es entonces cuando escucha de nuevo esas palabras cuando baja hasta su sexo húmedo que tiembla, que le espera, que parece amoldarse a su boca, y besarle a su vez. Y su lengua va trazando caminos de fuego alrededor de su clítoris, en sus labios ardientes, para recoger en su cáliz la dulzura que esconde, penetrarla una y otra vez con la lengua y los dedos, mientras la escucha gemir en un sonido ronco y desconocido que le remueve por dentro. Y la deja volar hasta lo más alto, y siente cómo se rinde bajo sus labios, en espasmos de placer. Entonces vuelve hacia arriba para besarla de nuevo, con el sabor a mar bajo su lengua y el deseo pulsándole en las venas.</p>
<p>Ella le aferra y le muerde, dejando a un lado restos de pudor y de mesura. Y como si de una coreografía se tratara, él agarra su cintura para darle una vuelta, y en un solo movimiento la penetra. Ella agarra con fuerza el respaldo del asiento, él agarra sus caderas, las aferra, y se mueve despacio dentro de ella. Nota su suavidad, su calidez, y aunque quiere seguir al mismo ritmo, se aceleran sus ganas. La penetra con fuerza, como si quisiera dejarle una huella muy dentro que nadie pueda borrar. Y en su sexo concentra las caricias, los deseos, el ansia, la pasión contenida, y la empuja una y otra vez, mientras ella le grita frases ininteligibles. Y se agarra a sus pechos y se clava, y se borra el pasado y el futuro, y son solo dos cuerpos que se aman. Y se unen las voces de los dos en el instante último de esa primera vez que parece que fuera más antigua que el mundo.</p>
<p>Y se abrazan los dos, ella se encoge en el asiento y él se deja caer sobre ella, los dedos entrelazados, los cuerpos mojados del sudor y de las ganas. Luego mucho después vuelve la ropa, los abrazos pausados, las caricias, alguna que otra palabra sin sentido. Ni una sola promesa, ni un te quiero, ni quedamos mañana ni lo siento, ni quizás no debimos, ni mi vida sin ti no tendrá sentido.</p>
<p>Unos pasos rompen el silencio de un andén solitario. El andén número siete.</p>
<p><em>Publicado por Pez_Burbuja en &#8220;Cuenta una canción&#8221;</em></p>
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