Eran las dos menos cuarto de la tarde y sentía un calor insoportable que le hizo quitarse la chaqueta y el jersey.
No es que hiciera calor en la Terminal, es que había tenido que correr desde la salida del metro hasta la puerta de embarque del avión con la pequeña mochila al hombro, con la cazadora puesta, sorteando grupos de turistas despistados mirando un monitor con las próximas salidas, atropellando a un niño que andaba a su aire por el aeropuerto mientras sus padres cotilleaban en una tienda de regalos, y tropezando con una anciana que aceleró al verle que iba en dirección a la misma cola para facturar a la que se dirigía ella, para intentar evitar que se le colara.
Pese a ello consiguió pasar el control a tiempo de llegar a su embarque y gracias a que había tenido la precaución de facturar por la mañana ya que no llevaba equipaje en las bodegas del avión.
Ahora estaba respirando como si el aire se fuera a acabar, sentado en un banco junto a su embarque, observando como todo el mundo se peleaba por ponerse a la cola para entrar primero, en algún caso no dudando en emplear codazos, zancadillas o pisotones, dando la apariencia que en lugar del embarque de un avión parece el sálvese quien pueda para acceder a las barcas de socorro de un crucero de recreo que se hunde.
Desde allí observa los enfrentamientos entre un pasajero que quiere llevar con el una maleta que pesa mas que yo y mi equipaje juntos, las explicaciones a dos ancianos de que su vuelo, pese a ir al mismo sitio, es otro y que se salda con que una azafata les acompaña hasta el embarque que les corresponde y las discusiones por aquellos que ven peligrar su asiento si permiten que pase otro pasajero antes que el.
Cuando ya no queda mas que un pareja cogida de la mano, dándose arrumacos, un hombre con traje y maletín y un grupo de siete hombres que viajan en grupo y que lo quieren demostrar subiendo el tono de su voz para que todo el mundo oiga que van juntos, se levanta y se dirige a la cola.
Cuando ya está entregando la tarjeta de embarque y pensando que es el último en subir a bordo se oye la voz estridente de la anciana que atropelló en su carrera, que piensa que le van a dejar en tierra, no caerá esa breva. Resulta que la cola de facturación por la que luchó la buena mujer para evitar que le quitaran el sitio, era la que correspondía con este embarque,
¿Donde estaba eso que decían que había que facturar una hora antes del embarque?
La mujer lo miró con asombro y un toque de repulsión en la cara, que dado que sus facciones ya eran desagradables de por si, solo ayudaron a confirmar su poca vistosidad.
Ya en el avión encontró su asiento ocupado por una pasajera a la que no le sentó nada bien que la hiciera abandonar su lugar pegado a la ventana, en especial porque una de las cosas que mas disfrutaba de los aviones era ir todo el trayecto pegado al cristal aunque solo se vieran nubes.
El despegue fue normal pero apenas llevaban cinco minutos en el aire la pareja que vió en la parte final de la cola comenzó a discutir cada vez en un tono de voz mas alto, al parecer la chica se molestó cuando una azafata, con un cuerpo de esos que a los hombres siempre nos recuerda a alguien por lo que debemos volver la vista, paso junto a el joven y lógicamente a el también a el le recordó a alguien.
La discusión fue subiendo de tono hasta que la azafata aludida se tuvo que acercar para pedir por favor que se relajaran, craso error ya que la chica la tomo con ella diciéndole de todo menos bonita.
Tras ese cambió en la conversación se personó un miembro de la cabina, que la dejó claro, amablemente, que o bien reponía su actitud o sería denunciada y puesta a disposición policial tan pronto llegara el avión al destino, ofreciendo el cambiarla de asiento para evitar males mayores, con lo que la chica aceptó y se fue a sentar con el grupo de amigos escandalosos que estaban unas pocas butacas mas delante y que tenían un asiento libre junto a ellos, lo que no sentó bien al novio.
El vuelo había vuelto a estar tranquilo y el sopor comenzó a dormirlo hasta que recibió un fuerte rodillazo en sus costillas propinado por el pasajero que se encontraba detrás de el, se volvió esperando ver a un hombre de dos metros que no era capaz de entrar en el escaso espacio o a un niño que debería ir mejor en la bodega de equipaje pero en su lugar encontró a un hombrecillo que no llegaría al metro sesenta y que tenía por costumbre apoyar las cervicales en el respaldo, con lo que cuando le iba a decir que hiciera el favor de evitar golpear en el asiento observó como un anciano volaba durante un tiempo que pareció eterno tras tropezar con un niño que jugaba en el pasillo con un camión de bomberos en miniatura, para golpear con la dentadura postiza, literalmente, contra el respaldo del novio despechado y caer posteriormente de espaldas al suelo ante el silencio de todos los pasajeros normales y las risas estúpidas del grupo de escandalosos.
Tras el susto reaccionaron los dos o tres pasajeros mas cercanos, entre ellos el novio, para ayudar al anciano a levantarse o al menos comprobar su estado, el niño había sido abducido misteriosamente y no se le veía por ningún lado hasta que atisbé, entre dos asientos la cabeza del niño que estaba siendo agachada por la mano de su madre para no ser descubierto.
Llegó el personal del avión para ayudar al anciano que sangraba por la boca y hacerle algún tipo de cura cuando un grito de varón golpeó los tímpanos de los pasajeros, la chica que había discutido con su novio se estaba dando el lote con el mas gordo de los escandalosos y su ex novio lo había visto.
La situación era la siguiente:
Anciano siendo sujetado por la azafata buena y un azafato para que no se cayera, el ex novio encerrado entre sus asientos y el azafato que como no podía salir intentaba saltar por el respaldo para intentar defender su honra, la novia que salía corriendo hacia el baño, los pasajeros alrededor del novio lanzados para sujetar a este, los escandalosos riéndose como los primates de un zoológico tras arrojar sus heces a los visitantes, con perdón de los primates, el levantado en su asiento para expresar a su vecino del asiento de detrás que dejara de propinarle puntapiés al respaldo ya que su espalda era quien los estaba recibiendo y su vecino, con una postura antianatómica, empleando el respaldo como almohada, y mirando ora a los sucesos del pasillo ora al sujeto que tenía delante.
Tras el forcejeo se personó el comandante de vuelo en persona acompañado del resto de la tripulación, y pidió la documentación del ex novio, dijo a una azafata que esperara a que saliera la ex novia del aseo para identificarla también y que una vez identificada se sentara en los asientos de la tripulación para que no provocara mas disturbios, ordenó trasladar al anciano a los asientos del principio del avión para tratar sus heridas, y pidió a los escandalosos que o se callaban o tomaría también represalias contra ellos y cuando todo parecía controlado salto uno del grupo de “inteligentes”, “¿Y ese marinerito quien ese para mandarme callar a mi?”, seguido de una sonada carcajada de todos sus acompañantes.
El comandante de vuelo se detuvo en seco, se volvió y le susurro algo a un azafato que lo acompañaba para posteriormente salir de la cabina del pasaje, con lo que el grupo de gamberros estallaron en aplausos al “héroe” que había puesto en su lugar a aquel de quien dependía la vida de todos los que viajaban en el avión.
Ya se le había quitado a el las ganas de discutir con su vecino así que decidió sentarse sin abrir la boca no sin antes darse cuenta que el pasajero de su espalda estaba con la boca abierta y sentado mas tieso que una vela en su butaca y con el cinturón de seguridad enganchado.
Al poco llegó el azafato con quien habló el comandante con una botella de un licor sin definir, por cuenta de la casa, que sirvió al grupo de bestias que aún gritaban y saltaban en sus asientos por el éxito de sus gracias. Lo que recibieron estos con mas saltos y gritos. Todo era surrealista por lo que pensó que en realidad todo se trataba de un sueño ridículo y que de un momento a otro vería por la ventanilla un duendecillo rompiendo el motor del ala.
Sin embargo la realidad fue muy distinta, los bestias terminaron a los pocos minutos de ingerir el líquido ofrecido por el comandante, mas dormidos que un bebe tras una noche de juerga, la ex novia salió del baño y quedó calladita fuera de las miradas del pasaje ya que la sentaron en los asientos de la tripulación, al novio lo tranquilizaron con una pastilla para dormir, una manta y una almohada, el anciano volvió a su asiento con su acompañante, una mujer que podría ser su hija, o no, el niño no volvió a salir de su asiento pese a sus intentos de fuga y al vecino de atrás apenas si se le había vuelto a oír.
Sin embargo la paz duró lo que tardó en quedarse dormida la vieja a la que casi envistió en el aeropuerto ya que nada mas cerrar los ojos comenzó a insultar al aire y a dar golpes indiscriminados, se le acercó la azafata amiga del ex novio y comenzó a zarandearla para despertarla, siendo respondido por la vieja con un sonoro bofetón en la cara a la joven. Tras el susto inicial la vieja se levantó y comenzó a insultarla y la pobre, con la tensión que reinaba en el aparato no pudo por menos que hacer lo que todos hubieran hecho en su lugar, le soltó otro revés a la mujer que la volvió a sentar en su butaca con las lagrimas por la sorpresa y por el dolor que seguro le había provocado, saltándole de los ojos, uno de los azafatos que vió la operación se acercó, dejando la custodia de la ex novia díscola, e invitó a su compañera a que fuera a la cabina del comandante a olvidarse de la situación y relajarse. La vieja se vió valiente al considerar que iban a reprender a la azafata dijo que iba a denunciar a la joven por el bofetón y sin darle tiempo al azafato a replicar ni pedir disculpas, el resto del pasaje que habían visto la operación, comenzaron a gritarla e insultarla, alguno en medio insinuó que algo iba a hacer con un cutter y con las tripas de la vieja si se la ocurría hacer nada contra la chica, mientras el protagonista alegó que si necesitaban cualquier cosa estaba dispuesto a alegar que fue la vieja quien había agredido a la azafata y que la otra no había hecho nada, aparte de que como confirmarían todos los viajeros la pasajera llevaba dando problemas durante todo el vuelo habiendo incluso hecho caer al anciano antes porque le puso la zancadilla cuando pasaba para que no llegara antes que ella al baño, esto último no era cierto pero quedó bien y la familia del niño vieron una salida y apoyaron al defensor de la azafata con sonoras afirmaciones y ofreciéndose también para confirmar su versión, así como otros pasajeros a los que caía mejor la azafata que la otra mujer, con lo que esta tras una mirada asesina e intentando decir alguna frase que no llegó a salir de su boca se sentó y no volvió a abrir la boca ni a dormirse.
Posteriormente se le acercó la azafata para agradecerle que intercediera por ella y le ofreció una copa por cuenta de la empresa a lo que respondió que en los vuelos no bebía porque no le sentaba bien cuando había turbulencias, aunque en su fuero interno aún recordaba la copa del grupo de animalitos que aún roncaban, sin embargo la agradable azafata sintiéndose en deuda con el decidió invitarle a esa copa una vez tomaran tierra en destino, a lo que como es lógico, esta vez no rehusó.
La viajera que intentó quitarle el asiento de ventanilla se trasladó a la cola del avión, donde había asientos libres y donde no había tanto trasiego de gente por lo que de vez en cuando la azafata se quedó charlando con el mientras iba de un lado a otro del avión, dedicándole todas las sonrisas del mundo.
Cuando por fin llegaron a tierra les esperaba la policía que se llevaron a la pareja de novios y al grupo de juerguistas, identificando, por lo que pudiera ocurrir, a la anciana que había golpeado a la azafata y que, a todos los efectos legales, había agredido al anciano, el cual salió en silla de ruedas con una toalla manchada de sangre tapándose la boca.
Mientras esperaba a la azafata vió a la familia del niño dando sus datos para testificar contra la anciana de la que aseguraban que había actuado con una maldad demoníaca mientras el niño miraba al suelo.
Al fin apareció el ángel, acompañada de otras dos azafatas y los dos azafatos, y cuando ya pensaba que iba a ser una copa en grupo se despidió de ellos y se acercó a el, le cogió de la mano y le llevó fuera del aeropuerto.
Siempre con una sonrisa radiante en la cara.
-Pedro-