Archive for the ‘Bohemia1984’ Category

Rojo sobre gris

Sábado, Noviembre 21st, 2009

Acabo de despertar en la habitación blanca y aséptica de un hospital. Ya es de noche. Siento el cuerpo magullado, decenas de moretones decoran mi cuerpo maduro, tengo la pierna escayolada y la mandíbula rota. Por si fuera poco, me han introducido molestos cateteres que deseo arrancar. La mano, inicialmente declarada catastrófica, se ha salvado de milagro de la guillotina.

Me siento triste e impotente. No puedo evitar un torrente de lágrimas al recordar el suceso. Nada parecía apuntar que me sucedería aquella tragedia. Era un día más. Con el despuntar del alba salgo de mi refugio. Mi vida es gris y monótona. Busco periódicos viejos, cartones y diverso material que la gente deshecha. Eso me proporciona unas monedas. Hurgo en papeleras y contenedores. Son fuente de tesoros para mi; en unos hallo ropa, en las proximidades a supermercados alimentos, aunque suelo acudir a los comedores sociales.

Al caer la noche me refugio donde puedo, siempre en un sitio diferente. En invierno cuando el frio arrecia acudo a la estación, hasta que alguien delata mi presencia y unos señores de uniforme me invitan a abandonarla. Yo sumisamente acato. Huyo de los conflictos. Evito cruzar miradas y me disgusta ser observado y señalado con el dedo. Soy buena persona, nunca he dañado a un semejante. No entiendo por que recibí un trato tan degradante la madrugada anterior.

Ahora, acomodado por el confort de la cama, difusos recuerdos se agolpan en mi mente, intento recordar con dificultad aquella época pasada, feliz, ahora tan remota. Yo también fui como vosotros pero la vida a veces da giros vertiginosos y te arrebata lo más preciado. Pocas veces se valora lo que se tiene hasta que lo pierdes.

Los vagabundos somos tinieblas que el viento arrastra como a hojas secas. Abrigados con mantas de papel de periódico y cartones, a veces, la noche helada da la extremaunción como un beso eterno. El beso de la dama oscura no siempre es dulce ni tierno como un primer amor a veces tiene el gusto amargo de la hiel.

En su día, también fuí un niño cargado de ilusión que el tiempo disolvió cruel, como burbujas de jabón que se desvanecen y ya no vuelven. Tengo un nombre y una historia pasada que me ha conducido a un presente duro y a un futuro incierto, sin promesas ni esperanzas. Los indigentes estamos marginados por la sociedad por que no somos productivos y causamos rechazo por nuestro aspecto y conducta, incomodamos al gobierno cuando hay congresos de política internacional, por que recordamos con nuestra presencia que continua existiendo carencias, que el dinero no tiene un destino equitativo, que socialmente se discrimina por aspecto y por danzar tu propio compás.

Esa noche mi destino se tornó aún más aciago. Ellos alteraron mi paz, invadieron mi pequeño mundo. Esos monstruos de cráneos rapados, y cazadoras abombadas me miraron con aires de superioridad y rieron sádicamente, dedicándome comentarios despectivos, descargando sus frustraciones con rabia, esgrimiendo bates de béisbol, navajas, puños americanos, tiñiendo de vermellón sus herramientas, dejando la estela de mi sangre en el asfalto. Me golpearon, me cocearon con su botas de punta metálica como si fuera un balón de fútbol.

Me robaron la dignidad. No eran más que un puñado de imberbes alergicos a los libros, gentuza intolerante con las ideas de los demás, con una vida interior yerma. Se creían valientes y en posesión de la verdad absoluta. Enviar un ser humano al hospital es su máxima diversión. Reinciden una y otra vez hasta que un día asesinan. Entonces es noticia. La sociedad se lleva las manos a la cabeza indignada y clama justicia. El problema es que muchas personas solo se creen lo que relatan las noticias. Viven placidamente con la vida resuelta, sin complicaciones y no poseen demasiada experiencia vital. Es lamentable que solo tengan constancia de estos sucesos quienes han sufrido en sus carnes la contrariedad de la existencia o quienes tienen una profesión estrechamente ligada a las personas.

Frecuentemente una agresión a un indigente es olvidada rápidamente por el resto de la población, pero no por nosotros. Temes ser el siguiente, vivir en la calle te convierte en un blanco fácil de robos, agresiones, cuando no, sospechoso de algún delito.
Nos recriminan que no presentemos denuncia pero tenemos motivos de peso; unas veces es por miedo a represalias, otras por que se padecen enfermedades mentales de diversa consideración y solemos huir del contacto social. Algunos llevamos tanto tiempo solos que hemos perdido la habilidad y el interés de relacionarnos. La mayoría carecemos de lazos familiares, por defunción o por vergüenza y hostilidad. Somos motivo de repudio, muchas veces motivada por graves sucesos de antaño.

No me encuentro bien. Me duele la cabeza y el brazo. Estoy mareado, se me nubla la vista y respiro con dificultad a pesar de la mascarilla de oxígeno. Mi salud está muy deteriorada. Es el precio de una existencia azarosa en la calle. Sé que la vida se me escapa, que mi espíritu se halla en suspensión, unido a mi cuerpo con un filo hilo. Podría presionar el botoncito para que viniera la enfermera, pero no quiero seguir luchando, no poseo fuerzas ni tengo nada ni nadie que me ate a este mundo. No hay nada que me motive a quedarme. En mi caso la muerte es una liberación. Sin embargo no les odio, son el producto de una época, hijos de un tiempo en el que cada vez más escasean los valores y el respeto por la vida del prójimo.

La desventura se encaprichó de mí, mañana elegirá a otro. Si no es por el color de la piel, es por la manera de pensar o por el acento, o por que sencillamente eres diferente y no tu mera existencia les ofende. No se dan cuenta de lo equivocados que están, que no existe una única verdad, que todos somos seres únicos y por tanto divergentes. A pesar de todo sigo siendo un idealista y he conocido gente altruista, por eso abrazo la idea que hay un resquicio de esperanza para la humanidad.

-Bohemia1984-

Planeador abajo

Domingo, Abril 5th, 2009

El cielo, como la tela de una pintura apocalíptica. En mi mesa, se amontonan papeles en desorden ordenado, objetos de todo tipo, algunos sin relación y pocos recomendables, prohibidos, ilegales, listos para un concierto con una directora de orquesta ausente de mente y alma, presente de cuerpo embotado. Es difícil escribir a temperatura ambiente cuando tu cabeza está en desorden; impregnar con tu esencia la temida página en blanco.
Reclusión voluntaria, silencio deseado, refugiada por un dolor que ocupa mi ser, cuyo origen es incierto.

Escritorio iluminado por luz color mostaza. Estoy muy cansada, pero no tengo sueño, mi cabeza hierbe, no puede ser desconectada como un aparato eléctrico. Me tiemblan las manos, mi pluma resbala entre mis dedos, mi cabeza flota y me martillea ritmicamente.
Estoy helada de cuerpo y mi alma pero el frío no externo, si no que proviene de lo más interno de mi ser.

El abismo que me atrae hacia si como un poderoso imán y me abraza vigorosamente. Me asfixia, me oprime el pecho, me falta el aire, demasiadas pérdidas, preguntas sin respuesta revoloteando a mi alrededor y atormentadome a cada paso, impotente de tanto rompecabezas incompleto, de no encontrar nunca la pieza que falta, por que de origen ya no existe.

Eso si, no falta quien se cree saberlo todo y se cree de vuelta de la vida. Sostener a un bebé en brazos, besar a la madre primeriza, compartir risas podemos hacerlo todos, es grato, pero cogerle la mano a una persona cuando se está muriendo, sobretodo cuando no es familiar, cuando no es amigo intimo, cuando está pidiendo pista para volar a remotos horizontes, sólo, asustado, es terreno baldío para demasiados, un gesto frecuente. Esa es una prueba de compromiso real de ser humano con un semejante, el resto, imagen y verborrea de charlatán de feria.

Mi autocontrol decide en ocasiones tomarse la jornada libre, me abandona a mi suerte y es cuando soy incapaz de contener el caudal de energía, aprieto los labios, los puños y trato de respirar serenamente, para que no se surja ese lado oscuro que todos poseemos. No suelo tener mucho éxito; es cuando mi voz se eleva en gritos o en declaraciones devastadoras. Otras veces mi corazón parece papel y se estremece y se emociona por lo más pueril, hasta rociar de lagrimas mi rostro.

No existe lógica alguna y eso golpea con contudencia mi pasos. No me extraña que pierdan la cordura, quien quiere poseer algo que solo aplasta ilusiones, y se rie de las derrotas?. Mejor una dosis de anestesia cuando la vida no cesa de repatir cartas trucadas.

Me escuecen los ojos estriados de escarlata. En la habitación, vuelan las ultimas cenizas, fragmentos de sueños rotos en suspensión que se alejan una vez más. Otra cicatriz más en el haber de mi alma y la voz de mi yo interior, grita que debo salir del rincón, secar las lagrimas y sembrar de semillas otro mañana. Quizá…

Bohemia 1984

Quimera de Almas

Viernes, Febrero 20th, 2009

“La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos”. (Jean Le Rond D’ Alembert)

La guerra habia finalitzado, pero tan aciaga experiencia habia marcado su alma como un hierro candente. Regresaba a casa, pero antes de reunirse con su familia debia cumplir una promesa. Llegó a casa de la madre de su mejor amiga una tarde amenazadora de lluvia. La señora, informada hacia tiemps del óbito, la recibió visiblemente afectada. La abrazó cariñosamente como si es tractara de otra hija. La joven le devolvia las pocas pertenencias de la difunta. Le ofreció una copa y despues de conversar durante una hora, la amiga se despidió.
Entre los objectos, le entregó un reloj; regalo de primera comunión, sus gafas y un pequeño cuaderno donde solia escribir con frecuencia. La madre, con el corazón encongido por el dolor y los ojos acusosos, hojeó el diario:

9 de Enero.
Continuamos circulando hacia nuestro destino. Mientras avanzamos por la carretera, todos nos observamos en silencio. La desazón se refleja en el rostro de cada uno de nosotros. Pensaba que seria de los más jóvenes, pero tendrían que ver señores del gobierno, los rostros imberbes y asustados de los muchachos de mi compañía. Muchos de ellos no tienen más de dieciséis años. ¡Me parece terrible y deprimente!. No han tenido tiempo de conocer el amor y ya temen por su vida. No importa el género, sea hombre o mujer, entre los dieciséis y los cincuenta y cinco años, capaz de caminar y empuñar un arma lo han obligado a incorporarse al absurdo.

15 de Enero.
Hace cinco días que mis compañeros y yo hemos llegado al campamento. Los oficiales nos dispensan un trato bastante rudo. Algunos de ellos se creen que son expertos estrategas en el dominio del mundo. De tanto en tanto, algún hecho los ultrapasa y les obliga a recordar que a pesar de todo son humanos y por tanto vulnerables.

22 de Enero.
Intento ser fuerte. Adaptarme a ésta extraña situación, pero me siento triste y sola. Es una sensación nueva para mí, no es una soledad de paz y calma para pensar y deseada. Es una soledad gris y dolorosa.

3 de Febrero.
Hoy he recibido carta de mamá. Me explica que me añora y que la guerra es a punto de finalizar, pero sé que no es cierto. Ella lo dice de buena fe y se lo agradezco. Si regreso con vida no volveré a ser aquella risueña joven de dieciocho años. Me han asesinado la inocencia. He podido contemplar en pocos días lo que muchos no podréis ver en toda una vida. Los individuos cuando se vuelven locos son capaces de cometer les atrocidades más descomunales.

15 de Febrero.
He estado enferma. La fiebre era alta y no remitía. No he podido volver a escribir nada hasta hoy. Parece un día tranquilo, como de espera. Cada día me parece más absurda esta situación, y me empiezo a preguntar quien es el enemigo, ellos o nosotros, quien son los buenos y quien son los malos.

22 de Febrero.
He trabado amistad con una de mis compañeras. Tiene veinticinco años. No es demasiado conversadora pero no se muestra nunca arisca ni eleva el tono de voz. Es educada y sabe escuchar. La observo y recuerdo que afortunadamente existen más persones como ella. Yo las he conocido de pequeña.

4 de Marzo.
Hoy me siento más animada. He recibido carta de mi novio. Dice que me quiere y que piensa constantemente en mi. Me anima rememorando nuestros mejores momentos juntos y esos proyectos que planeábamos juntos. Es una gran persona, entusiasta y abnegada. Es médico en un hospital militar. Una labor dura y agotadora.

12 de Marzo.
Esta noche tengo guardia. Reconozco que me hastía y me hace sentir estúpida. A veces relajo los ojos y alzo la cabeza observando el cielo pincelado de estrellas para sentirme libre. La luna saluda a esta joven soldado armada de la cabeza a los pies que se avergüenza de su especie.

21 de Marzo.
Ya es primavera. El crudo invierno se retira. Desearía que fuera el símbolo del fin de la guerra. Nunca había sentido tanto frió ni tanto miedo, pero al mismo tiempo es la primera vez que siento los lazos de la amistad y del compañerismo tan sólidos.

30 de Marzo
Día muy triste. Un compañero se ha suicidado. Hacia días que se le veía muy afligido. Alguna noche lo habíamos oído sollozar. ¡Pobre muchacho!. No ha podido tolerar este infierno. Tenia diecisiete años y era buena persona.

4 de Abril
Hace algunos días que no puedo dormir; no puedo olvidarme de mi compañero. Lo vi suspendido del roble. La cara cianótica e hinchada, los ojos a punto de saltar de les cuencas, la lengua emergiendo de la boca… y las moscas rodeándolo. No creo que sea la única que se siente tan afectada por esta visión, pero como nadie lo comenta, y yo tampoco soy capaz de sacar el tema, me quedaré con la incógnita de saber si soy demasiado sensible.

11 de Abril
Estoy muy nerviosa. Han bombardeando la zona donde se ubica el hospital de mi novio. Aún no sabemos el numero de heridos y fallecidos. Mientras el día avanza se disipa la posibilidad que él se encuentre entre los supervivientes. Nadie me confirma nada.

12 de Abril
Ha sido la noche más larga de todas. Hacia a las cinco y media se confirman mis temores; El ha muerto. Mis lágrimas fluyen abundantemente. Mis compañeros me ven llorar con la notificación en la mano. Debo haber enloquecido con la noticia por que cuando me he percatado, mi amiga y un oficial me estaban sujetando férreamente para evitar que continuará golpeándome la cabeza contra un árbol; He necesitado varios puntos de sutura.

27 de Abril
No deseaba volver a escribir, pero mi mejor amiga me ha convencido, dice que me libera, que lo necesito. Es cierto, es terapéutico. Parece que el terrible día se acerca. Curiosamente ya no siento tanto miedo y sé que es debido a la muerte de mi novio. Desearía que alguien me explicara el motivo de mi presencia en este lugar. Lo único que me dijeron es que he de servir a mi país; que hay unos hombres peligrosos de los que debemos defendernos. Es curioso, pero yo no recuerdo que tenga enemigos.

5 de Mayo
Mañana entraremos en combate. Al amanecer atacaremos les posiciones enemigas. Son les once de la noche. Estoy fatigada y me escuecen los ojos, pero me hallo despierta como un búho. Sé que es debido a los nervios que tan a menudo me traicionan.

6 de Mayo
Poco a poco se desvanece la oscuridad. En una hora entraremos en combate y tengo el nefasto presentimiento que yo moriré en él. Extrañamente ya no estoy nerviosa ni asustada. Solo pienso en el sufrimiento de mi madre y de mis hermanos pequeños. En menos de un año la muerte les roba un ser querido. Primero mi padre ahora yo. Mi madre ya es mayor y está un poco delicada de salud. Si no se hunde será por que aún debe de luchar por dos niños de diez años.

En unos instantes mi cuerpo se hallará sin vida, tendido en un charco de sangre. Por alguna razón no seré hábil para defenderme. Si alguien lee este cuaderno no quiero que piense que soy una mártir, una cobarde, o una pobre desgraciada, solamente quiero que sepa que soy un ser humano como tantos otros; Una joven que se ha visto inmersa en otro de esos conflictos que provocan unos hombres llamados estadistas, cuya soberbia cercena la vida de muchas personas y marca profundamente la evolución de los países afectados.

Bohemia1984

Un mal momento lo tiene cualquiera (I)

Martes, Febrero 17th, 2009

PRIMERA PARTE.

El dedo índice tranzando dibujos sobre el cristal empañado de la ventana. Día gris y amenazador de lluvia. Sonríe irónicamente, consciente que su impronta perecerá leves horas después sin dejar testimonio de su presencia.

Silencio. Él, la invita a tomar asiento de nuevo, ella titubea pero finalmente accede. Enciende un cigarrillo y exhala una bocanada de humo. Suspira. Sus enigmáticos ojos oscuros están cansados de batallas perdidas y el secreto que guardan no será jamás revelado.

Los limites no existen, aunque el reloj pierda sus manecillas el tiempo no desaparece.
La niñez fue asesinada por la pubertad y enterrada en un aséptico ataúd blanco. Los espíritus errantes son tinieblas que el viento arrastra como hojas secas.
Hay muchas maneras de acabar con una persona y el final no es siempre un óbito físico.
Decide confiar de nuevo y relatarle los hechos, quizá él si la pueda ayudar y ésta vez sea la definitiva, dejando atrás todo aquello. Lo necesita.
[/i]

Todos tenemos pesadillas inconfesables, fantasmas o demonios que llevamos de equipaje a lo largo de los años. No es fácil deshacerse de su tormento. No existe ningún manual que te enseñe a integrar los reveses cotidianos. Cuando crees que has vencido, vuelven a aparecer burlones, recordándote que no han huido, que sólo eran dormidos en un rincón del subconsciente.

No he sabido nunca que debo de hacer con mi vida, pero siempre había intuido que llegaría un día que tendría que enfocar mis pasos hacia una dirección, tomar conciencia de mi persona adulta, madurar y aceptar las responsabilidades.

Este día finalmente llegó. La inocencia pueril fue desapareciendo de forma sutil pero continuada. La cabellera dorada y rizada como la de un ángel se oscureció y los rizos se convirtieron en leves ondulaciones, mi carácter alegre y sociable se volvió introspectivo y poco efusivo. No todo el cambio era producto de las hormonas, si no de una cadena de vivencies que no había digerido.

Todos despertamos del sueño infantil y cruzamos el puente hacia la madurez por hechos que marcan y matizan nuestra personalidad. Yo desperté de repente, por los crudos episodios que aturdida me tocó experimentar. No sentía la suficiente confianza para pedir consejo a nadie.
Los amigos iban más desorientados que yo y en casa no me escuchaban.
Mi adolescencia continuó sumergida en libros y clases obligadas de piano, sin ningún acontecimiento remarcable.

Esperaba toda la semana la llegada del sábado por la tarde para reunirme con mi grupo de teatro. Era una excusa para poder ver a los amigos y volar lejos del tedio académico y familiar. Soñaba en un mejor mañana y luchaba para elevar mi autoestima. No es fácil cuando tu entorno hace aguas.

Dada su tendencia reiterada a los juicios de valor, a mis padres no les agradaba ninguno de mis amigos. No tenían argumentos ni motivos para sospechar sobre su conducta y afirmar que no me convenían. Conocían a mis mejores amigos desde mi primer curso en la escuela primaria y a menudo habían comido o dormido en casa.
Tuve un par de novios, pero no lo supieron nunca, llevaba mis relaciones en secreto. Estaba muy enamorada y no quería que nada ni nadie me truncara la felicidad. Los amores de adolescencia son importantes y especiales.
La información sexual me la procuré yo, leyendo libros a la biblioteca y asistiendo a sesiones de planificación familiar para adolescentes. ¿Y si me hubiera quedado preñada por carencia de atención y calor familiar?.

Mis padres, durante la semana estaban demasiado absorbidos por sus trabajos y sus respectivos amoríos. No entendía como no se divorciaban, esa necesidad de seguir fingiendo ante amigos y familiares de una aparente perfecta relación de pareja.
Mi hermano y yo sufríamos por las rudas discusiones verbales que mantenían, sobretodo cuando se había excedido con el alcohol y se sentía más poderoso y menos cobarde. Luego, ese hombre adulto pretendía transmitir valores a unos hijos que inicialmente le temían y posteriormente le ignoraban. Mi hermano se independizó y cortó lazos raudamente, aprovechando sus contactos, se estableció en el extranjero.

Al llegar el fin de semana querían ejercer de padres modélicos por un mero sentimiento de culpabilidad. Me parecía una hipocresía que se permitieran el lujo de aleccionarme cuando había crecido prácticamente sola y ellos no eran precisamente un ejemplo de moralidad. Un niño necesita besos, abrazos y atención, que le digan que le quieren y que se lo demuestren. Este vacío no se llena ni con los mejores juguetes. No os creáis ahora que mi familia era acomodada, simplemente vivíamos bastante desahogados por que ambos tenían un buen empleo y sueldo.

Si replicaba o volvía escasos minutos mas tarde de la hora fijada recibía un castigo o una bofetada. Era una reacción desproporcionada. Siempre había sido una niña reflexiva, evitaba los conflictos y nunca faltaba el respeto, pero se mostraban contrariados y me recriminaban mi conducta. Ellos habían pagado buenas escuelas y deseaban que mostrara una actitud sumisa.

Finalmente comprendí que tendría siempre las de perder. La opción más acertada fue dejar de discutir y distanciarme emocionalmente de ellos. Se creían siempre en posesión de la verdad, como un valor absoluto. El respeto no se gana imponiendo autoritarismo.

Finalizados mis estudios, di vueltas por trabajos temporales durante un año, hasta que una mañana una llamada telefónica me devolvió la ilusión. Un laboratorio quería entrevistarme. Aseguraba contrato indefinido si el candidato superaba el periodo de prueba. Había muchos aspirantes pero me eligieron a mí. Me sentía afortunada de poder trabajar de lo que había estudiado.

A los veinte años, después de una fuerte discusión, marché de casa, quizá era la excusa que buscaba. Fue una liberación. No podían impedírmelo. Tenía un trabajo estable y un sueldo bastante satisfactorio. No creían en mí. Parecían convencidos que no saldría adelante, que volvería a casa a los pocos días. Que equivocados estaban.

Los inicios no fueron fáciles pero la ilusión es una buena compañera de viaje. La convivencia no es nunca un camino de rosas, tienes que aprender a ser tolerante y a modificar aspectos de tu personalidad. Vivía con una amiga compartiendo gastos y confidencies, angustias y alegrías. Fue una gran experiencia. Tres años después volvía a hacer maletas. La chica se casaba y dado que yo no podía asumir todo el alquiler, decidí buscar un piso más pequeño y asequible.

Me instalé a un estudio situado a la parte antigua de la ciudad. Era un barrio cohabitado por inmigrantes de diferentes países, sobre todo de Marruecos, países del Este y de Sudamérica. Me habían comentado que era una zona bastante conflictiva pero en mi situación no podía ser escrupulosa.
Durante un tiempo pensé que la fortuna se había acordado de mí; logré un ascenso en el trabajo, mantenía una relación estable de pareja y hacíamos planes para tener un hijo. Incluso me planteaba acceder a la universidad para continuar estudios.

Cuatro años después, tanta vehemencia era amortiguada por un sentimiento de desencanto. Mi vinculo sentimental se malogró y decidimos separar nuestros caminos, laboralmente me hallaba estancada y relegada mientras comprobaba como otras personas seguían prosperando.

La cabeza te hierve pero no tienes fiebre. No te encuentras bien pero el dolor no es físico sino anímico. La rutina mata como la peor de las plagas. El mismo trabajo, amistades sólidas de juventud que se van desvaneciendo de tu vida por que se casan, tienen hijos, o nuevos retos profesionales, y tu vida sigue monótona, y solitaria.
Mis viejos fantasmas se negaban a abandonarme y el movimiento pendular de la rueda de la fortuna no era propicio. Palabras dentro mi cerebro como hierro candente me empujaban a saltar al averno.

La depresión hacía nido en los pliegues de mi alma y el pánico de enloquecer me llevó al gabinete de un psicólogo. Confiaba que él me daría respuestas, pero después de la quinta sesión, mi angustia no menguaba. Me sentía estafada. Había sido una pérdida de tiempo y dinero.
La terapia no funcionaba y por lo tanto no quería continuar. Él insistió, pero mi decisión era inapelable. Ahora sé que me precipité.

Sensible como era a los reveses, me dejé llevar por mis impulsos. Un día, me entró la obsesión que la rutina estaba minando los mejores años de mi vida y decidí poner remedio. Quería disfrutar de la vida, de mi juventud.

Durante aquellos días salía cada noche y muchas mañanas no me veía capaz levantarme de la cama; la resaca repicaba dentro mi cabeza pasándome la factura de la jarana nocturna.

Mi rendimiento menguante, sumado a mis continuos retrasos, me hizo merecedora de una severa reprimenda por parte de mi jefe. Puse cara de arrepentimiento, le di la razón, pero días después me comunicó mi despido; me había pillado durmiendo sobre la mesa del laboratorio.

Me abonaron la mensualidad y el finiquito correspondiente a los cinco años trabajados. Me iba de maravilla, mi cuenta corriente era un terreno yermo por que vivía bastante al día. No es que tuviera un agujero a la mano, pero vivía sola y aún estaba pagando la letra del coche.

En un primer momento me preocupé por mi situación de desempleada pero rápidamente me di cuenta de la inmensa libertad que disponía, tenía los siete días de la semana y sus veinticuatro horas por mí, sin tener que ser esclava de horarios ni sufrir las impertinencias de mis jefes. Decidí vivir del subsidio de desempleo y de mis ahorros unos meses. Carpe diem! Cuando me quedara poco dinero ya buscaría un trabajo.

Una noche de verano, durante un concierto al aire libre, conocí una pandilla poco convencional. Me parecieron inquietantes y carismáticos. Vestían de negro, con complementos de plata o metálicos y peinaban de forma atrevida y origina, unos con cresta de colores y otros con un corte irregular y extremado. Tenían una personalidad fuerte y atractiva, afín con mi ideología. No confiaban en nadie que no fuera del grupo. Quisieron saber inmediatamente de donde era, cuál era mi profesión, mi edad, aficiones, ideología y por que iba sola.

Supe ganarme su confianza y me aceptaron. Establecimos una amistad estrechada y sólido. Me sentía reconfortada y me divertía con ellos.
Mi aspecto cambió. Me deje una gran cresta roja y verde, me rasuré con maquina al numero tres los laterales de la cabeza, en la nuca colgaban varios mechones,
Me coloqué un piercing a la nariz, uno a la ceja y me hice tres agujeros mas en cada oreja donde colgaban unas criollas de plata sustituyendo a los pendientes de perlitas. Me hice tatuar un dragón en la espalda y una rosa negro en el culo. Usaba lápiz de ojos y labios negros, a juego con el esmalte de uñas.

También sufrió una transmutación mi indumentaria insípida y formal. Vestía de negro, con ropa ceñida, camisetas con símbolos o mensajes provocadores y reivindicativos, cazadora de cuero, botas militares con hebillas, alguna cadena con su candado, cinturón de clavos a juego con pulseras de cuero y grandes anillos e imperdibles. Recuerdo que la primera vez que me miré al espejo, me costó reconocer en mi a la persona que me devolvía la mirada, parecía más hostil y taimada. Era nuestra identidad tribal. No pasábamos desapercibidos.

En más de una ocasión cuando los camareros se despistaban desaparecíamos sigilosamente sin abonar la consumición..
Nos prohibían la entrada en más de un local nocturno escudándose en el derecho de admisión. Nos alejábamos profiriendo alaridos y gestos obscenos.
Nuestro aspecto levantaba sospecha en los grandes almacenes por que siempre teníamos a un vigilante de seguridad que seguía nuestros movimientos. Las sospechas no eran infundadas, pocas veces comprábamos, solíamos mangar pero como éramos muy finos no nos descubrieron nunca; Observación precavida seguida de unas manos hábiles que deslizaban diferentes productos al bolsillo de la cazadora o del macuto. Evidentemente eran objetos de pequeño tamaño, así minimizabas riesgos.

En la calle, la policía requería constantemente nuestra documentación. Alguna vez, irreverentemente se nos escapaba algún comentario o la risa por bajo la nariz mientras pasaban los DNI por la emisora para verificar que no hubiera nada pendiente con la justicia. En alguna ocasión tuvimos que acompañarles a comisaría a efectos de indetificación por no llevar ningún tipo de documentación.

Bohemia1984

Un mal momento lo tiene cualquiera (II)

Martes, Febrero 17th, 2009

En ocasiones nos peleábamos llenos de rabia con skin heads. Afortunadamente no se lamentaron víctimas, aunque acabáramos en urgencias para recibir puntos de sutura. Les exigíamos a los médicos que no hicieran parte, pero argumentaban que era el protocolo. Ni la pandilla rival ni la nuestra interponía nunca denuncia. No queríamos tratos con la policía ni creíamos en la justicia.

Asistíamos a manifestaciones contra el sistema, para apoyar a algunos colegas del movimiento okupa en los desalojos y sobretodo no nos perdíamos los conciertos de punk y ska . Más de una vez, el balance era lamentable; contenedores quemando al medio de la vía, escaparates rotos, cánticos provocativos y carreras huidizas cuando los antidisturbios cargaban.
En innumerables ocasiones éramos cacheados y nos requisaban navajas mariposa o gramos de hachís recibiendo posteriormente la correspondiente sanción administrativa.
Nuestra postura era insolente y temeraria.

Lejos de reconsiderar conducta, de recobrar mi cordura, aquellas experiencias reafirmaban mi adhesión al grupo. Experimentaba la fuerza protectora de la mandada, la integración al clan. Es embriagadora la sensación de sentirse temida y respetada, la gente no suele esquivar la mirada y te obren paso. Te sientes poderosa.

Cada vez mi cuerpo ingería y toleraba más cantidad de alcohol y poco a poco me introduje al laberinto tortuoso de las drogas. Era adulta, me pagaba mis vicios y vivía independiente, no tenía que dar explicaciones a nadie.
Tomaba anfetaminas, fumaba hachís pero mi preferida era la cocaína, esnifada o el speed-ball; heroína mezclada con coca.. Afortunadamente temo a las agujas y nunca me pinché ni consentí que lo hicieran.

Las drogas sólo sacan la bestia inmunda que todos llevamos dentro, mes o menos sujetada. Los narcóticos liberan este demonio miserable, controlado por el saber estar, por las convenciones sociales aprendidas desde la infancia, unos con más intensidad que de otros.

Me volví tan mezquina que podía convivir con el tipo de gente que antaño siempre había censurado; drogadictos, ladrones y pendencieros. Era una de ellos y no me sentía arrepentida de mis deplorables acciones. De tanto en tanto protagonizábamos robos con fuerza y vendíamos los objetos sustraídos para poder pagarnos nuestras adicciones. El cuerpo me reclamaba su dosis con más frecuencia..
Contemplas la sima que te separa del cerro seguro donde habías estado. No tienes el valor de cambiar pero sabes que no tienes otra alternativa, esa fortaleza de humo solo conduce a la decadencia.

Cómo dice el refrán, “A todo cerdo le llega su San Martín” y nosotros no escaparíamos a ello. Una noche mientras metíamos un palo en una nave industrial, fuimos sorprendidos por varios coches de la policía. Algunos colegas intentaron huir o enfrentarse violentamente, pero yo no ofrecí resistencia.

Permanecí allí de pie, absorta, observando la escena como si el grave asunto no fuera conmigo. Estaba agotada de nadar a contracorriente toda la vida, por eso me dejaba arrastrar, exhausta de luchar. Una voz detrás de mí me gritaba algo parecido a una orden, pero no me moví. Era como un zombi con quien no tiene sentido razonar.
Cuando me di cuenta, un agente de brazos fornidos me estaba sujetando y me hizo rodar al suelo, raudamente me vi reducida, con las muñecas presas en la espalda y escuchando un formalismo sobre mis derechos.
Irónicamente pensé que el repertorio no incluya el derecho a tener suerte a la vida, o a encontrar respuestas a los tormentos de la mía alma atormentada. El frió acero rozando mi piel y un escalofrió de rendición me retornaron a la realidad, después de muchos meses.

Dentro el coche patrulla, con las muñecas esposadas y la mirada fija en un remoto horizonte, la postura firme, mantenido hasta el momento, cayó como un telón de una obra de teatro que finaliza. Los ojos se me nublaron y gruesas lagrimas se deslizaron mejilla abajo. Sollozaba. Nariz de mocos brotando de ambas fosas y convergiendo en el canalillo del medio, cayendo gota a gota encima mis pantalones de camuflaje.
Me maldije por no haber podido contener aquel estallido histérico y lamentable. Sin duda, no tenía una sensibilidad dura como me había creído. Me sentía avergonzada. Al menos los cristales posteriores estaban tintandos y no podían verme desde afuera. Los policías me miraron, el que conducía por el retrovisor, el otro se giró; la expresión fría y seria se suavizó. Intuí que iba a decirme algo pero no lo hizo.
Yo era incapaz de alzar la vista firmemente, había perdido la transparencia que poseía antaño, la que me permitía mirar a los ojos de la gente. Sentía como el peso de la mala conciencia y de la soledad me deshacía el alma.
Quizá aún existía para mí la posibilidad de reinserción.

En comisaría me ficharon. Ellos lo llaman hacer una reseña, que consiste en llenarte de tinta la yema de los diez dedos y plasmarlas en una cartulina con todos tus datos. Luego te hacen varias fotografías en diferentes ángulos. Te conviertes en a una delincuente fichada. Una estigma difícil de limpiar, por que cuando te abren ficha cliente permaneces en sus archivos bastante tiempo.

Primavera, veintidós grados de temperatura y ambiente húmedo y denso. Un profundo helor interior, de miedo, impotencia y arrepentimiento recorría mi geografía corporal. Cuando me bajaron a los calabozos sufrí un ligero desvanecimiento, sin perder el sentido. El mal trago de la detención, mis comidas precarias y las drogas desballestaron la fortaleza. Mi cuerpo empezaba a pasar factura.

Antes de ir a la celda, una agente femenina, procedió a un cacheo más profundo. Me hizo desnudar; para que no fuera tan traumático, me registro minuciosamente sin permanecer integralmente desnuda en ningún momento, primero de cintura para arriba, y luego de cintura para abajo. Me sentía azorada, notaba tanto calor en mis carrillos que creí que iban a arder como cerillas.
Con voz trémula le repliqué que me sentía ultrajada. Me comentó tajantemente que seguía el protocolo, que los detenidos solíamos ser muy astutos y que escondíamos cosas en las partes más recónditas de nuestra anatomía para lesionar o autolesionarse o incluso droga. Yo no ocultaba nada.
En una bolsa deposité bisutería, cordones, cinturón y sujetador. Al parecer era una medida de seguridad para evitar suicidios.

La primera visión de las celdas es sobrecogedora, un lugar desangelado y sombrío, me llamó la atención los barrotes blancos, contrastando con el oscuro futuro de los detenidos.
La puerta de la celda se cerró con el chasquido metálico y seco de sus goznes. Suspiré resignada y tragué saliva. Ahora comprendía como se sentía aquel pajarito silvestre que me resistía a dejar marchar siendo aun una niña. La única diferencia era que mi captura estaba justificada..
Cuando estas encerrada aprendes a no andar de un lado a otro por la celda por no subrayar el hecho en si, pero si no lo haces, te entumeces y se te comen los nervios.

Las horas se entretienen juguetonas con el destino de los miserables. Mala conciencia por haber yerrado mi camino.
El ambiente familiar es muy importante para un niño. No digo que sea un factor determinante por si mismo pero es bastante significativo saber que puedes confiar y apoyarte en alguien. No quiero proyectar mi culpa en terceras personas, mi comportamiento ruin era inexcusable, y sólo yo era la responsable de mis actos delictivos. Nadie me obligó. Quería vivir, experimentar como no había tenido oportunidad años atrás y se me escapó de las manos.

Es cierto que valoras las cosas cuando las pierdes. La libertad es uno de los mejores tesoros que posee un ser humano. Es humillante ser privado de este derecho aunque algunos nos lo merecemos. Violar la ley reiteradamente tiene este precio. Estar en el otro lado ilegal de la fina línea es aceptar unas reglas del juego muy básicas en las que no existe el empate, o ganas o pierdes, y no todo el mundo posee la suficiente elegancia para reconocer la derrota.

Mi compañera de celda, superaba los treinta, era alta y robusta. Sus facciones exóticas junto a su atezada piel delataban sus orígenes extranjeros. Admito que temía por mi integridad, sus ojos oscuros me decían que estaba endurecida, que había conocido una mala vida. Su presencia intimidaba. Parecía reservada pero no me sacaba la mirada fría y profunda de encima. Después de saludarla cortésmente aterricé el culo en un rincón. No osé volver a mirar ni establecer dialogo, si interrumpía su silencio, podía considerar la posibilidad de meterme una paliza.

Fue precisamente ella quien se me acercó y se interesó por mí. Tenía curiosidad para saber el motivo de mi detención e intuía que me acababa de estrenar. Era cubana, había venido a España a forjarse una vida mejor, durante un tiempo ejerció la prostitución hasta que pudo optar por un trabajo de ayudante de cocina. Estaba detenida por un delito de lesiones en una pelea con otra mujer. Alegaba autodefensa. Al parecer se trataba de un asunto sentimental.

Unas horas después dialogábamos como dos viejas amigas. Me podía considerar afortunada, aquella mujer no era agresiva ni arisca y tuvo paciencia infinita cuando me atacó el síndrome de abstinencia.
Me relató la historia de su vida, y me di cuenta que hay infancias terribles que marcan a fuego el interior de las personas, se debería de proteger a las personas son tan frágiles e inocentes. La justicia no tiene estos factores en el momento de juzgar y sentenciar. Sólo ve un adulto que no conoce y un delito cometido, en muchas ocasiones más leve del cometido con él siendo un ser de corta edad. ¿Dónde estaba la justicia en aquel momento?. Sólo quieren tu redención por que no eres apto por la convivencia en sociedad. Lo solucionan enjauladote y mezclándote con auténticos depredadores, sin criba alguna, lo único que consiguen finalmente es un mimetismo.

Largo rato después, mi compañera, se sentía fatigada, se hizo un ovillo, se tapó con una manta y no tardó en quedarse dormida.
Yo tenia frío y lloraba de nuevo, en silencio. Mi autoestima estaba hundida. La manta no me abrigaba lo suficiente y era una pequeña selva. El bocadillo insípido ya lo tenia a los pies y el hecho de pedir permiso para ir al wc aumentaba mi depresión.
Cuando estaba de pie, había de sujetar con una mano mis pantalones, para evitar su caída. Me había adelgazado bastante y sin cinturón no se me aguantaban ni en las caderas. Mis pies bailaban dentro de las botas sin cordones y por lo que trataba de moverme con cuidado para no dar un traspié. En conjunto, puedo afirmar que la imagen de mi persona era lamentable.

Dormir es una odisea cuando la angustia y la impotencia se mezclan con el ambiente hostil y cargado de olores corporales. El sueño te vence por aburrimiento. Cerré los ojos deseando que toda aquella amarga experiencia fuera sólo una pesadilla.

A la mañana siguiente el juez me tomó declaración. Mi compañera de celda me dijo que podía sentirme satisfecha, que en ocasiones te puedes pasar mas horas en comisaría. Me aconsejó que estuviera tranquila que por experiencia sabia que no se ensañarían conmigo. Estaba muy asustada, no era muy optimista respecto a mi situación.
Me trasladaron con a ella y tres mujeres más en un furgón de traslados de detenidos. De nuevo pasé por el ritual, dejar que te anillen, esperar tu turno en los aposentos del juzgado…

La sala era aséptica y desangelada. El señor de la toga negra, maduro, con poco pelo y gafas me miró severamente. Mandó a los policías que me custodiaban sacarme los grilletes. Permanecieron detrás de mí. La abogada a mi lado mantenía un semblante sereno y transmitía seguridad y profesionalidad.
El corazón me galopaba vertiginosamente, temblaba, me costaba tragar saliva. Estaba tan nerviosa que no podía mantener la mirada quieta en un punto, hacía muecas y me mordía los labios hasta hacerme sangre. El juez impresionaba. Una decisión suya podía cambiar mi vida. Se dirigió a mí y respondí, las palabras me salían entrecortadas, me temblaba la voz y mis ojos volvían a estar acuosos.

Mi abogada me había pedido que confiara en ella. En aquellos momentos era muy catastrofista, estaba convencida que el juez me encarcelaría, pero me dejó en libertad. Me condenó a pagar una sanción administrativa y someterme a un programa de desintoxicación de drogas y de integración social.
Afortunadamente aquella vez no conocería la cárcel pero ya tenía antecedentes, que no era poca cosa. Era una situación bastante delicada. No debía volver a meterme en líos que la suerte y el destino son caprichosos.

Me daba cuenta que mi vida anterior no era tan miserable y que mis lamentos eran pueriles. Demasiado tarde para a relativizar las cosas.
Tenía que hacer frente a un problema grave y aceptar ayuda profesional. Sabía que sola no saldría del profundo pozo. Me comprometía a no frecuentar más las malas compañías y a no abandonar la terapia el centro.

Me sentía escarmentada, deseaba cambiar de vida. Era un primer paso por volver a ser yo misma. No es fácil cuando eres inconstante y epicúrea.
Hace falta autoconfianza y disciplina para reconducirse por el buen camino, la tentación por el prohibido es un demonio seductor y atractivo.

Me puse a manos de un especialista, en esta ocasión, un buen profesional. Me sentía sola y cuando acudía a las entrevistas de trabajo me costaba justificar el vacío laboral de mi época loca, notaban que desconfiaban y lógicamente no me seleccionaban. Sólo pude rechazar la compañía de mi banda dos meses, finalmente consiguieron vencer mi débil resistencia.

Parece ser que en mi vida la armonía y la estabilidad no duran mucho tiempo, su colega era uno de los mejores, o al menos había conseguido llegar a los pliegues más recónditos de mi alma, exorcizar e integrar reveses de antaño y cuando estaba bien encauzada, le dio el infarto y falleció.
Su hija me recomendó que le fuera a visitar, que eran amigos desde la universidad. Me negaba a empezar de nuevo pero a la vez no deseaba tirar el esfuerzo realizado hasta ahora. Llevo un mes sin psicoterapia, y algo en mi interior me llama de nuevo al lado oscuro. Tengo un tremendo complejo de culpa pero cómo ha visto soy incapaz de librarse de esas amistades. ¿Cree que podrá ayudarme?…

Bohemia1984

Navigation

Search

Archives

Septiembre 2010
L M X J V S D
« May    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Other

Syndication